domingo, 15 de septiembre de 2013

La epístola de Rajoy


        De entre todos los registros para que dos personas se comuniquen, a excepción del beso de septiembre entre dos amantes, no existe ninguno como la epístola, la carta; lo digo porque si el beso queda, a modo de tatuaje, incrustado para siempre en el reino de lo sensual, la carta permanece por los siglos de los siglos.

            En esta relación epistolar que mantienen Rajoy y Mas, en la que ignoro si está escrita a mano, si el envío es por Correos o valija diplomática -no quiero pensar que sea mediante Internet por aquello del desmantelamiento del disco duro- o si es certificada, está en juego el futuro de la nación española.

            Toda la ciudadanía ya sabe del contenido de la que ha enviado don Mariano, lo que no quiere decir que se haya entendido en su totalidad, pero sí es cierto que los distintos colectivos políticos ya están opinando sobre ella, y no digamos los “plumitas” entre los cuales me encuentro en estos momentos.

            El gallego presidente -no confundir con el presidente gallego- tiene la virtud a la hora de escribir, también a la de hablar, de dejar a todos y todas con tres palmos de narices y medio atontad@s; eso también es un arte que encierra una cierta dificultad.

            Quiero creer, tras leerla en cantidad cabalística, que lo que viene a decir es que hay que seguir ahondando en el debate soberanista, pero que la ley está dictada para cumplirla, o sea, que de independencia nada de nada a pesar de las cadenas humanas.

            Ya han saltado al ruedo de la interpretación y a la búsqueda del voto los primos hermanos Rubalcaba y Cayo Lara para pedir al escribiente de turno que es lo que hay que hacer, o sea, cambiar la Constitución para que vayamos a una especie de Estado Federal o a lo que sea; olvidan tod@s que la Carta Magna, aunque gestada en el Congreso fue parida por el pueblo español en las urnas, o sea.

            Pues claro que existe el problema catalán, y a poco que nos zumben algo reivindicativo al oído, pongamos de los andaluces, hacemos otra cadena humana de este a oeste en todo el litoral andaluz.

            Lo suyo, quiero decir lo serio, es que cuando toque o cuando deseen sus señorías se convoquen elecciones y en los programas respectivos se explicite claramente qué es lo que hay que cambiar de la Constitución, que el pueblo hable a través de las urnas y punto; después, si intentan tocar lo de la unidad de España tendrá que volver otra vez a la ciudadanía en referéndum nacional. Esas, y no otras, son las reglas de juego que nos dimos.


4 comentarios:

  1. Certero y clarificador, pero... desde cuando a la casta política, acicalada y apoltronada le importan los problemas de los ciudadanos.
    Ahora, les toca sacar la bola de cristasl, hablar con las meigas e intentar adivinar por cual de los caminos obtendrán más rédito político y más poltrona.
    Cuando concluyan, ése, solamente ése, será su programa electoral.
    Aquel que entiendan los mantendrá en el poder.
    ¡Así nos va a los españolitos!

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  2. Don José, le recuerdo que la Constitución Española se acordó reformar en diez minutos y se confirmó su reforma sin previo aviso a los españoles, a instancia de Alemania y la pérdida de Soberanía Nacional correspondiente. Visto lo visto, las epístolas pueden decir y acordar el disparate que les venga en gana.

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  3. Amigo Don Antonio: estará usted de acuerdo conmigo que los "mercaderes de euros" obligaron al cambio y en un santiamén se pusieron de acuerdo nuestros-vuestros amigos del PP y PSOE, pues poderoso caballero es don dinero que alguien dijo.

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  4. Así nos va, amigo Juan; tan sólo nos queda confiar en que la "españolada" adquiera la auténtica mayoría de edad, o sea, saber dar respuesta adecuada a su problemática.
    Confiemos en ello, aunque es difícil.
    Abrazos.

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