sábado, 21 de septiembre de 2013

La entrevista


         Seguro que entre ustedes los hay que han recibido esa llamada inoportuna en la que, por regla general y a la hora de la pequeña siesta, una voz femenina con acento sudamericano le pregunta, llamándole por su nombre, qué compañía de telefonía es la suya; y también es seguro que, con educación o gaitas destempladas, ha contestado que no le interesa el producto que le intentan vender desde el otro lado del hilo telefónico.

            Pues bien, hace unos días me encontraba de buen humor cuando sonó el teléfono y me hicieron la pregunta de marras. Y es que tenía tiempo porque los jubilados, aunque andamos escasos de vida, nos sobra el tiempo a raudales. Además estaría por asegurar que la voz, femenina por supuesto era argentina, y esa forma de hablar de los habitantes de la tierra donde el tango hace estragos tiene una gran musicalidad.

            Así que me dije, en vez de despachar el asunto de forma desabrida voy a atenderla como se merece y para más inri me venía muy bien, pues yo estaba escribiendo intentando describir las diferencias entre Rublacaba y Rajoy, de manera que un momento de descanso ganado me podía venir como anillo al dedo.

            Así que, tras rogarle que no hablase muy deprisa por mi sordera y por la edad que ostento, ella, Niebla se llamaba, moduló su lenguaje y una música de violines penetró por mi cadena de huesecillos que hicieron su agosto.

            Niebla hablaba dulcemente intentado convencerme de que el posible cambio de compañía me interesaba, cuando lo que era de mi interés era escuchar la modulación de nuestro idioma en sus labios; la sentí bella, insinuante, atractiva, seductora y penetrante. Le pregunté si mi compañía, Movistar, era la antigua Teléfonica, la de la Dictadura y aquella que, cuando los maestros no teníamos teléfonos, teníamos que ir a la centralita del pueblo con un aviso de conferencia. “Sí”, confirmó Niebla, y a continuación le narré que hacía años, algo así como medio siglo, yo supe del nacimiento de mi hija por uno de esos avisos y que tal vez, debido a ello, tenía un cierto apego al pasado, no a Franco, y me daba un no sé qué tirarlo todo por la borda.

            Ella, Niebla, quiero creer, quedó gratamente sorprendida de la historia y dio por finalizado su intento de convencerme: “Gracias, señor, me ha conmovido usted”; dimos por finalizado el diálogo.

            Transcurridas seis horas, su saltarina voz volvió a llamarme para que le contase historias de aquellos tiempos; muy de tarde en tarde, Niebla, se pone en contacto conmigo y hablamos, no de cambios de compañías digitales, sino de la vida; y lo pasamos bien.

2 comentarios:

  1. Don José sabe Vd. de sobra, que los dos personajes literarios españoles del amor son dos: don Quijote y don Juan. Por las historias que cuenta Vd., parece don Juan. Mis vivencias, que muy pocas veces cuento, se parecen bastante a don Quijote. Parecería una contradicción de nuestras personalidades. No le perece.

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  2. No existe, como bien dice, ninguna contradicción pues ambos personajes tienen mucho en común y, además, se complementan.
    Un placer.

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