viernes, 20 de septiembre de 2013

Fue un prodigio de marzo





Fue un prodigio de marzo.
En tarde inacabada de pulsiones
te vi diosa de duna con tu cetro en las manos.

Eras airoso junco.
Insinuabas llamarme con tu silbo,
anduve las arenas con mi cuerpo desnudo.

Destilabas aromas
de tomillo y retama de marismas,
de brisas aliviadas por apacibles olas.

Mirabas a Selene
que bella cabalgaba tras Mercurio,
apagado cristal tras tu esmalte verde.

Sometiste los mares.
Adentraba tus pechos en el cielo
y sobre tu arco de iris creado, caminaste.

(De “Sílabas de marzo”, de José García Pérez)




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