miércoles, 18 de septiembre de 2013

El señor Pérez



           Lo del Congreso de los Diputados, de usted para mí y algunos más cachondos, se está poniendo tela de pesado, miren si no: el PSOE no para de dar leñazos al PP con el caso Bárcenas, el PP al  PSOE con los EREs andaluces, Rajoy a Rubalcaba por su indefinición respecto a la posible independencia de Cataluña, Rubalcaba a Rajoy con el tema de Correa y su amigo el “bigotes”, Soraya a Soraya y viceversa con el aleteo de la moción de censura y así un día y otro, y uno parece no tener más remedio que escribir sobre estos temas una y otra vez para morbo de ustedes l@s indignad@s.

            Durante un tiempo, no ha mucho de ello, a sus señorías les dio por la famosa prima de riesgo, y ella, la maldita prima, se convirtió en el arma arrojadiza preferida para darle en el coco a Zapatero, y hace un año a don Mariano; ahora que parece que la prima va descendiendo todo el mundo hace mutis por el foro.

            Ha tenido que venir la populista y popular malagueña Celia Villalobos para echar una guinda al pavo y entretener algo al personal. Conocí, y por tanto conozco, a Celia en sus tiempos de primera dama de Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, y tuve con ella muy buenas relaciones pues era un manantío constante de noticias; en mis copos era conocida como “la dama roja del PP”, o sea, alguien diferente al resto de sus compañeros y compañeras; la última entrevista periodística, antes de irse como ministra de Sanidad y darnos algunos consejos sobre el espinazo, se la hice en su despacho de la conocida “Casona del Parque” (Ayuntamiento) y a calzón quitado, o sea, apagado el aparato, tuvimos una conversación que no puedo narrar, pero que fue desternillante. Ella, tras dejarse magrear por el pueblo que gusta, me refiero al pueblo, poder palpar al poder arrebató Málaga a la izquierda y desde aquel año de 1995 el PSOE  casi ha desaparecido del mapa municipal.

            Pues bien, Celia Villalobos no ha tenido otra ocurrencia, ejerciendo de presidenta del Congreso que dirigirse a don Alfredo P. Rubalcaba en los siguientes términos: “señor Pérez, ¿ha pedido usted la palabra?”, y Rubalcaba se ha sentido ofendido, vamos que no le ha agradado nada que lo llamen por su primer apellido, vulgar por lo que se ve y que un servidor de ustedes padece en sus dos, a saber García y Pérez, para qué hablar del nombre propio, Pepe.

            Me salva que, compruébelo, si pincho en Google: José García Pérez, el primero que aparece es el menda entre más de dos millones de entrada; y que conste que no estoy enchufado.

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