miércoles, 25 de septiembre de 2013

El llamado "derecho a decidir"


          Ya sabemos que el que puso de moda este concepto de “el derecho a decidir” fue el lendakari Ibarretxe, pero este señor al menos tuvo la valentía y cortesía de pasar ese posible derecho por el tamiz del Congreso de los Diputados donde, por cierto, fue tumbado en un sano ejercicio democrático de la legalidad vigente.

            Desde hace un tiempo nos llega Artur Mas con la misma cantinela de que las regiones, pueblos, comunidades o nacionalidades deben ejercer ese derecho que puede llevar a la emancipación o independencia de Cataluña.

            Los parroquianos de los bares, cada vez más escasos ambos, o sea, bares y parroquianos, gustan hablar de política cuando la presencia en las televisiones de Messi y Ronaldo se lo permiten; en los bares se habla de política a lo bestia, y es por eso que cuando sale este tema un elevado tanto por ciento de la feligresía etílica pronuncia la ya famosa frase de “pues yo les daba la independencia y que cada perro se lama su capullo”; cuando escucho esta barbaridad política intento hacer uso de la persuasión y convencer a algunos, pero no hay manera pues lo primero que me espetan es que yo soy uno de ellos, de los políticos; y es que la política, al igual que dicen de los Sacramentos de la Santa Madre Iglesia, imprimen carácter, o sea, una especie de estigma en todo aquel que dedicó a ella parte de su vida.

            Aunque se peque de pesado, que se peca, digamos una vez más que en el Título I de la Constitución, el que hace mención a los derechos y deberes de los ciudadanos y que contiene unos treinta artículos, no aparece este fantasmagórico derecho, y que aparte de que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española (artº 2º), la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado (artº 1º).

            Por favor, no me lo  digan que lo sé, me refiero a que se cambie la Constitución, pues de acuerdo, que se cambie; mientras ello ocurre, los que se encabronen en seguir con la matraca están fuera de la ley, también se conocen por forajidos.

            Es duro, pero es así.


            

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