lunes, 30 de septiembre de 2013

0,25%



           El PSOE nos congeló la limosna a los jubilados, y el PP ha entreabierto la puerta del congelador con un 025% de subida de la dádiva estipulada, o sea, una viruta de calderilla que no alivia nada ante la inminente subida de precios e impuestos indirectos y otros que van directamente al corazón, me refiero a los fármacos; vamos, que si todo siguiese igual habría para una cajetilla más de tabaco o un dulzón pampero o una pasta de dientes de las del montón. Y además, agradecido a los prebostes de la economía.

            Tras más de cuarenta años de servicios en los distintos ministerios de Educación, de pasar hambre por los años 50 del siglo pasado, de impartir clases particulares a estudiantes de enseñanza por libre para llegar con dignidad a fin de mes, de aprobar cuatro oposiciones, a saber, de ingreso en el escalafón de maestros naciones, de otra llamadas a “plazas de más de 10.000 habitantes”, de profesores de escuelas anejas a las Normales (algun@s no saben de lo que hablo), de aprobar las del exterminado Cuerpo de Directores Escolares por orden de Felipe González, y de ser nombrado por Consejo de Ministros Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, después de todo eso y de seguir afilando la punta del lápiz para dividir la cantidad jubilosa por treinta puñeteros días que tiene el mes, cabe preguntarse: ¿de qué entró un servidor en el Magisterio Nacional?

            Y el detalle es que tenemos que estar agradecid@s a izquierdas y derechas porque la manduca, las habichuelas que decía mi padre, la tenemos asegurada, pues todo es cuestión de no sobrepasarse y creer uno que es el rey de los tiesos; aunque conviene y es justo decirlo que cuando uno otea el horizonte de personas que conoce y no llegan a fin de mes, queda un servidor convertido en una manifestación sagrada ante tantas personas mirando los lunes al sol y que no llegan a primero de mes.

            Más todavía, con tan poco como tenemos asistimos, un mes y otro también, al milagro de la multiplicación de los panes y los peces -aunque estos últimos sean morralla-, pues gracias a este ejército de mutilados frenamos, con aportaciones a nuestras familias, la auténtica revolución que este país necesita.

            Son ustedes, mandamases de la cosa nuestra, los que tienen que estarnos agradecidos.





            

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