jueves, 1 de agosto de 2013

Vencedores y vencidos


            El trasquilado en el intento de debate que se ha celebrado a causa de los papeles arrugados del señor, es un decir, Bárcenas, ha sido el director de El Mundo, fin de la cita; pero conociendo su particular protagonismo se habrá sentido, sin la menor duda, complacido.

            Ea, dos meses de vacaciones para sus señorías, tiempo suficiente para broncearse y afilar de nuevo las navajas para cuando el otoño llame a la puerta. Unos y otros, incluidas unas y otras, aplauden y patalean lo verdadero y lo contrario en un espectáculo digno de una película de Groucho Marx, el inimitable.

            Ahora toca esperar los titulares de las grandes rotativas para saber quién ha sido el ganador o convincente, o sea, el que se ha llevado el gato al agua, y no me refiero, cuando he escrito lo del gato, a ese espacio televisivo claramente de izquierda, fin de la cita.

            Ya saben, no lo duden, aquella prensa que se autodefine progresista dará vencedor al químico y la conservadora, al registrador. Las otras, las menguantes, no se pringarán en el veredicto no sea que pierdan algo de calderilla.

            No ha sido un circo, pero sí lo más parecido a él; lo más espectacular la llamada “izquierda plural” pidiendo a trío que dimita el de los sms y convoque elecciones, pues parece que son un montón de señorías que se reparten el tiempo y dan el pego.

            Los nacionalistas van a lo suyo, vamos que el irrisorio cruce de vítores y abucheos les importa un bledo; ellos, a lo suyo y nosotros, a la de ellos. Y así nos va.

            Estas palabras sueltas de “márchese, señor Rajoy” o la contundente respuesta “ea, no me voy”, han sido el meollo de la cuestión; mi particular forma de ver estas cosas, oír esa oratoria y ejercer la crítica me impresionan a rabiar, pues he llegado a la inútil conclusión de que ellos han vencido y nosotros la hemos cagado, con perdón, una vez más.

            Hemos asistido a la representación de una “peli” de buenos y malos, pero sin saber a ciencia cierta, al menos el hijo menor de mi madre, quiénes son unos y otros.

            Sigue quedando claro que todo está oscuro; nuestra única esperanza reside en el euromillón: ¡toma ya!




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