jueves, 22 de agosto de 2013

Uf, pobres dependientes


      Hace un montón de años se conocía por “dependiente” al empleado, esencialmente, de los comercios de tejidos; eran tiempos en los que no existían Grandes Almacenes y en los que el cliente, al entrar en el establecimiento, era atendido con suma exquisitez de forma que se le ofrecía una silla y esperaba sentad@ a que el empleado (dependiente) tomara medidas del tejido y mostrara otros; hoy día, sobre todo en tiempos de rebajas, usted puede morir arrollad@ por la bulla que busca la ganga del siglo.

         Las palabras y sus significados  van cambiando de sentido, y así se conoce por violencia de género la que se produce cuando un hombre maltrata a una mujer, matrimonio ya no goza de la raíz Mater y con un poco de potra el palabro “miembra” hubiese adquirido visos de oficialidad, etc.

         Sin embargo, el concepto dependiente si ha adquirido una mejor conceptualización, ya saben, el que depende de otros para vivir y, aunque pueden existir diversas variables, sirva de ejemplo la mujer que no es autónoma económicamente, se aplica esencialmente a la persona mayor o enferma que depende de otros para existir.

         Un elevadísimo número de ciudadanos saben, aunque puedan discrepar algo, lo escrito anteriormente, pero existen unos pocos, eso nos salva, que desconocen lo de la dependencia. Me refiero a los mandamases y fieros dirigentes de la UGT de Andalucía, oh Andalucía, que dilapidaron los dineros de un curso para especializar a desempleados en la atención de personas que padecían dependencia, por la compra de 250 pancartas, cuatro mil euros, para mostrarlas en una huelga de pacotilla por las ocho provincias andaluza en una fanfarria que le montaron a Zapatero allá por el 2010, según consta en unos papeles que muestra un periódico de tirada nacional; los honrados sindicalistas forzaron que en la factura constara el concepto al que debía haber sigo asignada la morterada en cuestión.

         Ustedes, camaradas de Cándido Méndez, perdonen, pero eso es engañar y robar a los desempleados que hubiesen cobrado unas perrillas de haberse realizado el curso, dejar a los desheredados dependientes en la cuneta de la ignominia y birlar nuestro parné o el de la Unión Europea.

         Un ejemplo más, puede que pequeñito por la suma de euros pero inmoral al máximo, de corrupción.

¿Pasará algo, señor Méndez?


2 comentarios:

  1. Don José, hablar de corrupción en España es lo mismo que hablar del tiempo. Yo me niego. Pero si le puedo hablar de la función de tonto útil que hacemos en mi profesión para valorar sanitariamente al dependiente. Valoramos, emitimos un informe y lo mandamos a la autoridad competente. Si le dan la ayuda no sabemos nada más del dependiente. Si no se la dan, no lo vuelven a enviar para que lo valoremos de nuevo. Así hasta el infinito. Saque Vd. conclusiones.

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  2. La primera conclusión, don Antonio, es su pertenencia al ámbito de la Sanidad.
    La segunda es que ésta, según se deduce de sus palabras, va mal.
    La tercera es que, aunque sirva de poco, habrá que seguir "criticando" la corrupción.
    Abrazos.

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