lunes, 12 de agosto de 2013

Treinta y dos, rojo, par y pasa



         Me encanta jugar a todo, y en ese todo se incluyen los juegos más peligrosos existentes: el amor y el de azar. Reconozco que de los dos, a poco que entres al trapo, puedes salir tocado.

            Creo que sobre el primero, el amor, estaremos tod@s de acuerdo que es más peligroso que el segundo pues viene acompañado de unas espinas que atraviesan, cuando menos se espera, la coraza con que nos cubrimos y daña hasta las mismísimas entrañas, ya saben, amor es un periplo que lleva del éxtasis al infierno.

            En los casinos, aparte de ese pseudo póker que se ve en las cadenas de televisión, no se juega al póker-póker, ¿saben la causa? ¿no?, pues se lo voy a aclarar a ustedes de una sola tacada; ese juego está prohibido porque es un juego de corazón, y no de azar; en los casinos, la reina es la ruleta, el príncipe es el blak-jak y la cenicienta es el conocido por “chemin de fierre” o bacarrá; también están las máquinas tragaperras, aunque en el bar de la esquina de su casa también pueden encontrar una de ellas.

            Si usted o yo decimos a alguien que vamos al casino, rápidamente nos mira de manera extraña y piensa, tal vez con razón, que se encuentra ante un jugador profesional, o sea, un vicioso; sin embargo en este país todo quisque juega y se la juega.

            Un simple repaso a los juegos bien vistos o considerados no peligrosos nos hará ver como se extiende lo lúdico a la hora de intentar capturar unos euros, veamos: bingo, quiniela, bonoloto, primitiva, euromillón con todas sus variantes,  tragaperras, rasca, cupón, cuponazo, lotería, etc.

            La gente juega auténticos mogollones de euros en busca del milagroso pelotazo, y papá Estado recauda de lo lindo a través de nuestros vicios: juego, alcohol y tabaco. Hasta don Artur Mas, “hombre prudente al por mayor” se ha sacado de la manga el Gordo de Navidad para el último día del año y así hacer la competencia a España; desde luego que un servidor será de los que compre un décimo catalán por si las moscas.

            Pero dicha sea la verdad, no existe nada como dejar un montoncillo de euros a un crupier y decirle todo al 32, vecinos y caballos…, y escuchando la música de la bolita de saúco dando vueltas a la ruleta oír al jefe de mesa decir: treinta y dos, rojo, par y pasa.

            Suerte.

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