sábado, 31 de agosto de 2013

La muerte de un columnista


          Sé que Manuel Martín Ferrand fue un periodista total que abarcó durante su vida todos los géneros de su profesión: prensa, radio y televisión, y en todos ellos innovó y triunfó; quisiera, sin embargo, pararme en sus columnas pues ya sus compañeros desde José María García hasta Ignacio Camacho, pasando por José Luis Balbín y demás, lo han hecho en la multiplicidad de campos en los que trabajó.

            Pero más que en sus columnas, jamás otorgadas al mejor postor, quisiera detenerme en la columna periodística, no en el artículo o en la pequeña tesina de algunos, sino lo que podríamos definir como soneto de la literatura periodística, un escrito con una extensión predeterminada de la que el autor no puede salirse.

            La prensa digital, en la que escribo actualmente, puede acabar con la columna porque, digamos para entendernos, no ocupa un espacio físico sino que puedes escribir y escribir la cantidad de palabras que desees, porque el escritor no está encadenado a las limitaciones que impone el papel; y ese es el peligro de extinción que tiene la columna.

            Cuando a diario compro un ejemplar de prensa saltando de oca en oca, de periódico en periódico, lo hago no por las noticias que publique la prensa escrita, noticias que me las sé de punta a cabo por radio, televisión o Internet, sino que me gasto mi uno treinta euros por saber las opiniones, las columnas, que prestigiosas firmas del periodismo tienen sobre ellas; la prensa escrita, pues, sobrevivirá mientras existan escritores que, como Martín Ferrand, sean capaces de llegar a la objetividad.

            No son demasiadas las columnas que llevo escritas tanto en la prensa escrita como en la digital, pero si están muy cercanas a las ocho mil; y lo malo, tal vez sea lo bueno, es que sin practicar ese ejercicio diario no podría vivir -no crean que es por la “pasta”, pues no cobro nada ni falta que me hace-, sino porque día a día practico el psicoanálisis de largar el venenillo que me pueda corroer, y porque la columna, gota a gota o palabra a palabra, crea opinión.




2 comentarios:

  1. Enrique de Quirós31 de agosto de 2013, 14:10

    Amigo, aunque me tenga que "retratar" quiero dejarte mi opinión a Pie de Página...Eres bueno, muy bueno en lo que haces y lo que lamento muy de veras es el no podertelo decir en persona...la jodida edad y los jodidos kilometros...
    Conocí a Martin Ferran, personalmente y te has ido a fijar, precisamente, en lo que mejor hizo.
    La columna. Un abrazo

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