domingo, 25 de agosto de 2013

La gran cena


           No es que uno dedique parte del poco tiempo que le queda por vivir a husmear si algunos “liberados” de UGT hicieron de su labor un auténtico festín a costa del dinero de los demás, ya ven que a fuer de ser sinceros tengo que confesar que, hasta la hora de mi aclamada jubilación (algún día la narraré para vergüenza mía y de España), fui afiliado pardillo de FETE-UGT-A.

            Pero es que estos de hoy se pasan cuatro pueblos a la hora de ponerse  a pensar asuntos de acuerdos y cosas por el estilo; de tal forma eran las celebraciones que hoy se sabe, siempre gracias a la “canallesca” y a los que se chivan a ella, que Pastrana y sus cuadros se gastaron algo más de doce mil euros en una cena en la ciudad, Sevilla, que se basta a sí misma, de los setecientos mil euros que la Junta de Andalucía les abonó en el año 2010 para sufragar gastos de negociación.

            Y estas cenas no son a base de huevos y patatas fritas, pues van más allá de esas menudencias caseras  y, sin saber el cómo, se comen, de forma desvergonzada y con gula añadida, de gambas tirando hacia arriba.

            Así las cosas, tendríamos que convenir que la auténtica liberación, la chachi, no consiste en el, pongamos por ejemplo, el divorcio o acabar con las cadenas de la siempre denostada Iglesia, sea ésta la que sea, sino en ser liberado por cualquier sindicato, sea de clase o no, aunque con la lluvia de publicaciones que está cayendo, ninguno como serlo, o haberlo sido, de Pastrana y sus hombres de confianza.

            Un servidor, no lo duden ustedes, conoce a sindicalistas que dan el callo, pero, por desgracia, vamos a tener que pensar que son los menos; claro es que también pululan los de la “ceoé” con sus cursos de formación, sus amiguetes monitores y tal vez, no lo puedo asegurar, alguna que otra degustación de más.

            Va siendo hora que tanto las confederaciones de empresarios como toda la gama de sindicatos existan, vivan y cenen con sus cuotas de afiliación; y es que me estoy hartando, créanme, de abonar tanto pienso a estos rebaños que poco hacen y, cada día, menos pintan.


3 comentarios:

  1. Pepe, no sabes de la misa la mitad, lo que se publica de los sindicatos es solo la punta del iceberg, salvos rarísimas pero que rarísimas excepciones, los dirigentes sindicales son unos vividores que solo aspiran a estar liberados para no trabajar, la única forma de que un sindicato, un partido, o cualquier asociación humana funcione es que se costee así misma mientras haya subvenciones habrá corrupción.

    ResponderEliminar
  2. Don José, me contaba mi padre lo que hacían los verdaderos sindicalistas en los años 20 del siglo pasado: Llegaban, principalmente de Cataluña, andando y parándose en cada localidad andaluza echando mítines en la “casa del pueblo”, allí le daban los jornaleros un pan “abogado”, unos trozos de morcilla y un pequeño trozo de queso en aceite, con eso comía y andaba el camino hacia otro pueblo. No sin antes aleccionarles: “No saquéis a vuestros hijos de las escuelas para mandarlos a los cortijos de zagales”.

    ResponderEliminar
  3. Pues totalmente de acuerdo con el señor Anónimo ya que es lo que he pretendido explicar en este "copo" nuestro de cada día.

    Y a Don Antonio decirle que, además de las casas del pueblo, eso se hacía y con más feracidad entre los afiliados de la CNT, primer sindicato de toda España y defenestrado en la democracia; algo tuve de culpa.

    Abrazos a ambos.

    ResponderEliminar