martes, 27 de agosto de 2013

El triunfo de la justicia


           Me encontraba, un lunes cualquiera, con unos amigos en “Puerta Oscura”, algo más que un bar malagueño, saboreando un dulce ron Pampero cuando entraron un amigo y dos acompañantes, uno de ellos era Griñán, y fui requerido por el primero para acompañarlos a tomar otro dulzón.

            Durante el tiempo que estuvimos conversando, el entonces Consejero de Economía de la Junta me pareció, y sigue pareciéndome, un hombre muy preparado, gran conversador y dominador de casi todos los palos; me llamó la atención que, siendo un señor de Ciencias, tuviese un gran dominio de las Letras. Pasé un rato agradable de cháchara.

            Después, ya saben, Chaves dejó la Presidencia de la Junta, y él se hizo con las riendas de la misma; ocurrió que, tras el tsunami “pepero”, y  presentarse a las elecciones autonómicas repitió en el cargo, previo pacto con el personal de Izquierda Unida.

            Más tarde se destapó la cloaca de los ya tristemente famosos EREs y lo que pareció, en un principio, una corruptela más de las numerosas que nos rodean se convirtió en una ciénaga irrespirable; el tema da para muchos “copos”, pero hoy quiero detener mi red solamente en un aspecto de la trama: el de la justicia.

            El tema vino a caer en el juzgado sevillano que regenta, perdonen la expresión, la juez Alaya que, sin prisas y sin ninguna pausa, fue destapando cada una de las tapaderas de la citada cloaca hasta imputar a más de un centenar, pero más, de sujetos de toda clase y alcurnia.

            Griñán ha sentido en su nuca el escalofrío de la justicia que, con perseverancia total soplaba susurros de “ya te llegará el momento”, y antes de que ello ocurriese ha dimitido de Presidente de la Junta de Andalucía para, dice el personal, enrocarse como futuro senador  a fin de que la parte de culpa que pueda tener en el asunto de los EREs sea juzgado por el Tribunal Superior de Justicia y no serlo por la judicatura ordinaria: léase la juez Alaya.

            Y ha ocurrido que, por primera vez, la justicia, digamos con minúsculas, ha conseguido que un presunto implicado dimita de su cargo, hecho que no ha conseguido la oposición política, los sindicatos, indignados, cabreados y la biblia en verso.

            Esperemos que, si llega el caso, la Justicia con mayúsculas y nombre rimbombante actúe como es debido, pues si no tendremos todos que repetir aquello que afirmase un alcalde de Jerez: “La Justicia es un cachondeo”.

3 comentarios:

  1. Enrique de Quirós27 de agosto de 2013, 23:37

    No hablemos de la Justicia, ya que la Justicia, en verdad, es un cachondeo. Hablemos de tu Copo que, como todo lo tuyo, está muy bien escrito y vamos a alegrarnos de que, por fin, alguien dimita en este País, aunque sea porque las orejas le huelen a chamusquina.

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  2. Don José por los comentarios que le devuelvo, está claro que no soy partidario de la justicia basada en la ley. Yo confío más en la costumbre y lo legítimo, como el derecho anglosajón y la ética protestante. Don José, mientras no nos eduquen para ser honrados, seguiremos siendo corruptos a mansalva, y la ley la defensa de los corruptores.

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  3. De acuerdo en todo, Enrique.
    Yo, don Antonio, le prometo que no soy corrupto, tal vez porque fui educado en la decencia, ya sabe que me agrada esa palabra. En cuanto al resto, al cien por cien con usted: lo justo es lo que importa, y no lo legal.

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