jueves, 8 de agosto de 2013

Chatear y chatear


           Existen en la actualidad dos formas diferentes de chatear; una de ellas, la más moderna, proviene del término inglés “chat” que significa hablar o charlar, y que hoy día se entiende cibernéticamente por la conversación escrita  y por imagen entre dos o más personas a través de Internet mediante teléfonos móviles, ordenadores, tabletas y demás instrumentos, la palma se la lleva lo que se conoce por redes sociales; a pesar de la edad, poco a poco, debo confesar que voy convirtiéndome en uno más de sus adictos.

            La clásica manera de chatear, por cierto que en vías de extinción, procede del vocablo “chato” que en una de sus acepciones es un vaso ancho y corto en el que se vierte vino, esencialmente tinto, y chatear es beber unos chatos de vino con un grupo de amigos al tiempo que se habla mirándose a los ojos y viendo la realidad de sus rostros; decía que se encuentra en vías de extinción porque el chato de tinto va dando paso al cubata de ginebra, güisqui, ron, vodka acaramelado y chupitos de chicha y nabo. De este  chateo, generalmente se produce al mediodía, sí que soy un asiduo adicto que diariamente lo practico con mis amigos Montoya “el perchelero”, Manuel “el de los juzgados”, Emilio “el fiebre de las Peñas”, Manolo “el relojero” y Paco “el Canijo”.

            Uno de los problemas de la primera modalidad de chateo estriba en el posible engaño de los datos personales que cuelga el personal en sus muros correspondientes, fraude que puede ir desde la fecha de nacimiento, sexo y atractivo personal, o sea, foto que clava en la red.

            En el chateo de barra el peligro existe en el llamado “gorrón disimulado”, hecho que un servidor no sufre porque los anteriormente mencionados son ligeros a la hora de acoquinar lo bebido que, a veces, nada más que a veces, supera los límites de la normalidad.

            Seguiré practicando el chateo de los cables con gente sana como Ana, Magda, Francisco, Basallote, Jack, etc., pero será muy difícil que abandone el clásico porque el cara a cara es una de las grandes manifestaciones de esta sociedad anónima.

            A la izquierda, a la derecha, al frente y para que entre. Salud.

            

1 comentario:

  1. Don José, Vd. sabe que el “chato” es la forma de pedir el vino de la tierra de Madrid; servido en vaso bajo y escanciado en botella cuadrada depositada en un charco de agua en una piscina de zinc. Forma poco elegante para beber vino y para poder soltar de vez en cuando una sentencia del parroquiano sabio. De todos modos , se podían oír. Sobre todo si iba Vd. a la taberna de Antonio Sánchez en la calle Mesón de Paredes de Madrid cuando era Vd. diputado, esa que da nombre a la novela de Antonio Díaz-Cañavate. Pero si iba Vd. a los “Gabrieles” que está más cerca del Congreso, el vino se lo servirían en catavino jerezano y le pondrían un “fino La Ina”. Podría escuchar unas buenas “Soleares” acompañado de señoritos y señoritas poco recomendables para un señor Diputado, pero el vaso no era “chato” sino “fino” y alargado.

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