lunes, 26 de agosto de 2013

Cayo Lara


Me caía muy bien Julio Anguita porque tenía mucho de profeta o de anacoreta peregrino por el desierto de la democracia; lo escuchaba de sumo grado y me daban unas ganas enormes de votarlo, pero una veces por unas causas y otras por las mismas nunca lo hice, y siempre quedó en mí un mal regustillo por mi falta de armonía.

            A Gaspar Llamazares, aunque preparado sin duda, jamás sentí el deseo de otorgarle mi confianza, puede que fuese por sus amoríos con los hermanos Castro, y Gerardo Iglesias no fue santo de mi devoción aunque reconozco que ha sido uno de los políticos más sanos que ha pasado por el hemiciclo.

            Lo de Santiago Carrillo, con sus sombras y soles, es harina de otro costal dentro del Partido (con mayúsculas y a secas) pues otorgó un cierto “nihil obstat” para el restablecimiento de la democracia en 1977.

            El día que escuché un mitin de Cayo Lara en el recinto “Eduardo Ocón” del parque de Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, sentí una corriente se simpatía hacía él por finalizar su intervención leyendo unos versos de Mario Benedetti y por vestir una especie de camisón blanco como la nieve; y es que las formas también son importantes en política, tanto es así que se dan la mano con el fondo.

            Sin embargo he leído unas declaraciones del lector de don Mario que me parecen algo arriesgadas, pues ha afirmado que el conglomerado de Izquierda Unida quiere liderar toda la oposición a Mariano Rajoy, vamos que lo suyo es unir a los del 15-M, indignados, cabreados, sindicatos, socialistas, peneuvistas, convergentes, canarios, andaluces con don Diego, el que se encoge de hombros ante las corruptelas habidas en los  EREs andaluces y dice que eso no va con él, precisamente él que es vicepresidente de la Junta con Griñán, y de aquí a nada con Susana D., oh Susana, decía que Cayo Lara desea unir a todos bajo su única bandera y, ya saben aunque él parece ignorarlo que “el que mucho abarca poco aprieta”.

            Todo este deseo incontrolado por convertirse en líder de la oposición, sin  serlo, puede costarle un serio disgusto ya que lo bueno es que cada uno aguante su vela e IU, con su sumisión en la Junta de Andalucía y su pacto tácito en Extremadura con el PP, tiene bastante que aguantar. Creo y digo con el máximo respeto.


            

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