martes, 30 de julio de 2013

Víspera de agosto



          Doblas la primera esquina y nos encontramos de sopetón con agosto, y con él nos llegan las suecas, medio mundo y las sobras de los que por lógico miedo han cambiado la cornisa norte de África por el glamour español en sus diversas variantes. Y con todo ello, cuando amanezca septiembre y se den los números de empleo y su contrario, volveremos a sacar pecho para aliviarnos algo de lo que será el próximo otoño.

            Sin embargo este agosto de dos mil trece tiene una gran variante respecto a los vividos, un servidor al menos, hasta ahora; en su primer día, agosto, a las nueve de la mañana, nos va a traer la metralla de la palabra política en la comparecencia que Mariano Rajoy tendrá en el Congreso de ellos y ellas, de sus señorías l@s diputad@s.

            No le pasa por la olla al Registrador Presidente que va a convencer a Rubalcaba y demás señorías portavoces de las diversas pandas que representan a esta nuestra puñetera nación; además, Arriola, cónyuge de Celia Villalobos y eterno asesor electoral del PP, con toda seguridad le habrá comido el coco a Mariano diciéndole, como dijese el famoso cirujano de la torería Ramón Vila, un día que su compañero de dominó pensaba en un posible cierre: “ni se te ocurra”.

            Dicho lo anterior, comprenderán ustedes a la perfección que esas siete letras que forman el vocablo “palabra” no tienen valor alguno en lo que debería ser el Santuario de la Palabra: el Congreso de los Diputados.

            Y lo afirmo con rotundidad, porque diga lo que diga el jefe supremo del PP, los demás jefes no lo creerán, y sacando la recortá irán todos y todas a por él, y lógicamente, don Mariano, que no es estúpido, aunque pueda parecerlo, apuntará con el trabuco a los contrarios y lanzará metralla de todos los calibres.

            Y así la palabra quedará devaluada como vehículo de comunicación y se  parloteará pensando en el electorado y en los titulares prensa y tertulias de los próximos días.

            A pesar de ello, como vicioso que soy de la política y de la palabra, prometo que el 1º de agosto me desayunaré con la palabra prostituida, palabra de honor.


1 comentario:

  1. ¿Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia, Catilina? dice Cicerón en su discurso sublime. Los ciudadanos deberíamos preguntarle esa pregunta, no a Catalina, sino a todos los políticos actuales, para que así la palabra no fuera protistuida. El problema, hoy como ayer, es que la solución pasa siempre por Cesar = Dictador.

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