jueves, 18 de julio de 2013

Malva era la braga.


         Yo he visto luchar a la muchedumbre a brazo partido por una braga color malva de raso y encaje; so testigo y cronista de la guerra. Y no es que estuviese de reclamo, a la braga me refiero, en un lugar privilegiado de unos Grandes Almacenes, no, qué va, estaba cubierta por una abigarrada tropa de prendas íntimas de variados colores, algunas con pedrería y de tejidos tan distintos como la seda, algodón, terciopelo, satén o la poca tupida muselina.

            Mas de pronto, entre las manos que buscaban en las entrañas de las rebajas, emergió con destello propio el malva íntimo, el de las grandes ocasiones, y la braga se convirtió en el trofeo a conseguir. Un grito barrió la planta. ¡A por ella!, gritaron a una las buscadoras y buscadores, que también habíalos en gran cantidad, con móvil incorporado. Un rumor extendió su ola entre la codicia de unos y otras, y el malva fue manoseado, alzado revoloteado y, una y otra vez, abatido por la lujuria de la posesión desenfrenada de encontrar semejante bicoca al irrisorio precio de dos euros.

            Ningún mortal acudía al enjambre tesonero con la lista previa de compras, a nadie le importaba la caducidad de la prenda, la talla, la garantía mínima de soportar un rápido centrifugado, el etiquetado o si las instrucciones venían en el idioma oficial de la comunidad tal o cual.

            Se crea o no, es igual, venció en la marabunta un frágil ser del llamado sexo débil, jajaja; su edad la estimo en esa pasarela difícil de definir que se desliza a partir de los 55 años de edad, años curtidos en refriegas al uso; Esperanza era su nombre. Ufana y victoriosa nos acurrucó con su mirada; blandía en su mano derecha, cual mástil poderoso, la prenda íntima.

            Mientras esta guerra tenía lugar en Madrid, por Barcelona paseaba su elegante porte don Artur con un encogimiento de hombros, o sea, sin querer saber nada sobre los cinco millones de euros estafados, y por Andalucía, ay Andalucía, Susy lucía su mejor talle ante ese rollo malintencionado de los EREs.

            Malva era la braga. Aleluya.

3 comentarios:

  1. Don José, hace años, recordará Vd. el chiste de “La Codorniz” de aquella señora de ministro que se había quedado encerrada en un hotel de Portugal, por un accidentado viaje “en Braga y sin combinación”. Por mi profesión he visto muchos tejidos y colores de bragas, pero nunca las he visto de color malva ni de terciopelo. Con su mensaje socarrón y parabólico, hoy me ha pillado Vd. en bragas.

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