viernes, 19 de julio de 2013

La "Raya al pimentón" de Juani



           Por pesado que uno es ya saben que, a causa de una historia que algún día contaré, paso cerca de dos meses en el lugar “donde el viento silba nácar”, paraíso situado entre el río Piedras  e Isla Cristina, antigua Higuerita.

            Eso no quiere decir que mi ya débil cuerpo, más después de un melanoma y la extracción de los ganglios centinela y alerta, se exponga al sol para la catetada del bronceo; a lo más, cuando llega el ocaso y es bajamar, paseo por la orilla a la búsqueda de una roja duna, la más alta de la entrada a la marisma, para vivir mi particular eucaristía, a saber: otear levante para recoger el suspiro de la ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, y fijar mis ojos a poniente en busca del pequeño monte que da nombre a Ayamonte; y poco más.

            Ese poco más, lo paso entre Los Panchos, Sabina, el viejo ficus, el “copo” de cada día, el divertimento de Facebook, un par de partidas de dominó, la eterna lectura de Pessoa, la sagrada terraza y un club situado a tiro de piedra y de nombre Vera de Mar que regenta un simpático amigo de nombre Rafa Toscano que procura entretenernos con algún espectáculo, dentro de unos días nos llega Rafael, el mítico cantante, y sus platos variados.

            Creo se habrán enterado que estoy ubicado en la provincia de Huelva, lugar codiciado por los amantes de la gula por sus buenos jamones, sabrosos langostinos, exquisitas bailas, pequeñas acedías, lujuriosas coquinas y las buenas pijotillas entre otras menudencias que me abstengo de reseñar no sea que sus glándulas salivares expulsen borbotones de agua por sus exquisitas bocas.

            Pues bien, nada comparado a la “raya al pimentón” que hoy ha preparado Juani, la cocinera del citado club y que hubiese conseguido la dicha del perchelero y buen amigo Paco Montoya.

            Ya ven: una raya mediana, medio hígado de ella, pan, aceite de oliva, vinagre, ajo, sal, una cucharadita de comino y una sopera de pimentón dulce, todo ello cocinado como Juani sabe hacerlo, se ha convertido en el milagro culinario del verano y, para más inri, baratísimo; qué cartílagos, Dios, qué cartílagos.

            Seguro que Bárcenas, con todo su poderío de millones de euros, ha probado semejante exquisitez.

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