jueves, 4 de julio de 2013

El invierno de la primavera árabe


             Se ha dado en llamar “primavera árabe” a una serie de revoluciones en los países del norte de África, tendente a derrocar los regímenes más o menos totalitarios de esa cornisa africana; su inicio se localiza en Túnez y, en cuestión de dos años, ha vuelto a producirse en Egipto en una catarsis de ida y vuelta. Marruecos, por ahora, es el único territorio en el que se sepa, aunque ahí se saben muy pocas cosas, no ha ocurrido nada importante.

            El caso más paradigmático es, o fue, aunque creo que sigue siendo, el de Libia. Dentro de mi posible insignificancia, osaría preguntarle a mi antiguo compañero de UCD en el Congreso de los Diputados, hoy excelentísimo señor Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, si Libia sigue existiendo como nación o si ha sido borrada del mapa y reconvertida en aquel amasijo de tribus que el dictador y coronel Gadafí unió en contra de las rivalidades tribales; por cierto que el que fuese dictador o no, a la ONU le importó un bledo cuando fue alzado a presidir la Comisión de Derechos Humanos.

            Y de lo de Siria, qué me dicen; de momento se ha hecho un gran silencio sobre las matanzas entre rebeldes y adictos al régimen, sobre la utilización de armas químicas y, da la sensación, que un fleco de paz acaricia lo que hace dos meses era una feroz guerra.

            En Túnez y Argelia se asientan, a la espera de poder intervenir, legiones de yihadistas dispuestas a yugular los brotes verdes de la primavera. Y, ahora, Egipto.

            Ahí los militares, aunque derroquen constituciones legítimas y gobiernos extraídos de las urnas, son los salvadores de Occidente. El personal sale a las plazas a vitorear a los insurgentes, la ONU, como siempre, aplica un silencio vergonzoso a la espera de que EEUU cante el pío-pío, mientras los llamados “Hermanos Musulmanes” se esconden de posibles matanzas.

            Toda la cornisa norte africana, de repente, se convirtió en un libre mercado de entrada de armas depositadas en manos de los que clamaban occidentalizar a la morería -perdón-, pero cuando ésta ha querido volver a sus orígenes, el propio occidente, incluido nuestros servicios de inteligencia, ha dado marcha atrás, y el frío invierno ha penetrado la inmensa canícula del norte de África.

            Mi auténtico problema es saber qué ha sido de Libia.


2 comentarios:

  1. Don José, por su pasado andalucista debe saber de Edward Said, éste se centra en las visiones europeas del mundo islámico. A través de una revisión histórica de los trabajos literarios orientalistas analiza las relaciones de poder entre colonizados y colonizadores. Concluyendo que, "Oriente" y "Occidente" operan como términos opuestos, construyéndose el concepto "Oriente" como una inversión negativa de la cultura occidental.
    Edward Seis, en su obra “Orientalismo”, nos presenta una reacción contra Occidente, pero el texto de Seis, no debe verse como un mero antiimperialismo, sino como un síntoma de incertidumbres generadas. Seis no nos plantea un nacionalismo simple, más bien es todo lo contrario, dice: “El hombre que encuentra dulce a su patria es un tierno principiante; aquél para quien cada suelo es como el suyo nativo, ya es más fuerte; pero es perfecto aquél para quien todo el mundo es tierra extranjera”.
    Porque Vd. y todo los pensadores de la política saben de sobra, que la gente prefiere el orden a la libertad, captar las consignas más que la realidad, prefieren al líder que los guíe que a la confusión de un acuerdo de las partes”. Quizás por eso obliga decir, que una cultura política más fuerte defina culturalmente a los más débiles. Por eso yo, con mi particular escepticismo creo, que lo único bueno que tiene la primavera árabe es su nombre.

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  2. Bien, Antonio, tu comentario, profundo de verdad, ha conseguido que intente penetrar algo en el pensamiento de Seis -olvidado ya por mí y muchos- para llegar a la conclusión que la "lucha" de un hombre por el reconocimiento de un (su) pueblo es uno de los mayores ideales que se puede tener en esta existencia.
    Occidente, en general , no se "fía" de Oriente. Las minorías más extremistas lo han conseguido; por ello, el llamado Occidente no sabe qué hacer con la dichosa "primavera" que alentó; también es cierto, lo digo por mis contactos con escritores de Marruecos y Túnez, que la elite cultural árabe tiende a occidentalizarse, y en esa contradicción, los hay que no vemos nada claro esta primavera de pacotilla.
    Abrazos.

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