sábado, 29 de junio de 2013

Para ti, amor


           Mira, amor, la vida ya no es igual que antes, cuando aquello amaneció sin ser esperado por nosotros. Y, sin embargo, es seguro que el cielo tiene aquel color naranja que un día, por vez primera, descubrí en el precipicio del sol hacia su cueva, pero hace tiempo que ni lo veo  ni lo imagino.

            Mira, amor, es como si una nube grisácea se hubiese introducido en aquellas retinas con las que gocé visionando la naturaleza de forma distinta a como la veía el resto del mundo, incluido yo.

            Las olas, amor, por ejemplo, rompían al revés, mar adentro; o aquel mimo con el que depositaba la verde manzana en la roja duna antes de penetrar, con mirada delirante, la eucaristía diaria del equilibrio entre vida y existencia. Por aquel entonces, amor, vivir y existir conjugaban el verbo amar y todo era un reino donde el gozo perfumaba la terraza de la locura, única forma de permanecer en el paradigma de la infancia.

            Y bien pensado, amor, no ha cambiado nada, tan sólo que el desvarío se ha convertido en locura y, por ello, todo lo vemos lógico y desde la perspectiva del grave peso de la responsabilidad. Ya no se cruzan mis cables ni me tiro al suelo para jugar con aquel tren de hojalata en el que columpiaba las horas en un instante de fugacidad lúdica.

            Mira, amor, hemos dejado de creer que éramos mayoría absoluta, que el mundo lo creábamos a nuestro antojo, que el cráter del volcán de la pasión siempre iba a estar siempre en ebullición.

            Creímos tanto en nosotros, que dejamos de ser; pero fue muy lindo saber contar hasta dos, pues para nosotros significaba el infinito.

2 comentarios:

  1. Saber contar hasta dos, sin distinguir el uno más uno que cada uno representa... es todo un milagro, sin duda.
    Besos.

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  2. Existen tantos milagros en esta "cosas" del amor¡.
    Besos.

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