lunes, 17 de junio de 2013

Hacienda al canto


          Va finalizando el perverso mes de junio, mes de la declaración de rentas, de los fraudes rebuscados, de los de paga fija que sostenemos el gasto público, mes de acoquinar más y ganar menos por los tijeretazos.

            “A mí me devuelve Hacienda”, dicen algunos alborozados que olvidan que el personal de Montoro, por mandato de éste, ya le sacó las entrañas con el IRPF, que viene a ser una especie de RIP, mes a mes, para un inmenso gentío de contribuyentes.

            Otros tienen que pagar más de lo ya abonado por la subida de impuestos, y así al pobre poeta jubilado que ofrece al público dos o tres recitales anuales, viene el maldito fisco, y además de endosarle un 21% de IVA por leer siete u ocho poemas para entretener a unos pocos de amigos, pues ya se sabe que a los recitales poéticos acuden, igual que a los hospitales y cárceles, los amigos de verdad, lo puede crujir del todo porque el dinerillo recogido hace subir el tramo de la cascada de euros que hay que pagar para que los parásitos, los que viven a costa de los demás, se peguen una vidorra con dietas de desplazamientos y añadidos.

            De tarde en tarde, Montoro, hace excepciones con algunas personalidades y achaca a errores administrativos, por ejemplo equivocarse a la hora de copiar los dígitos del policíaco DNI, ciertas presuntas prácticas fraudulentas, algo así le ha ocurrido a la divina infantita; que Dios nos coja confesados si Bárcenas o Blesa o cualquier mangante de los muchos que existen por estos confines nos crucifican con un error de esas características.

            Messi asegura no saber nada del peloteo que se trae su padre con sus derechos de imagen, y yo qué sé del para mí inimaginable montón de billetes de cinco euros que presuntamente -siempre hay que escribir presuntamente para que además no te enchiqueren- ha defraudado el pequeño gran monstruo del balompié; vamos, que si yo intentase disimular un recital de poesía terminaba siendo multado y maltratado.

            Quedan pocos días, muy pocos, para consumar un hecho “delictivo”, a saber, que los menos afortunados en el tener paguemos buenos puros habanos y chivas a los defraudadores de Montoro; nos salva que algo cobramos, y además, algunos hasta pagan cuotas a Caritas.

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