martes, 18 de junio de 2013

El circo a debate en Alhaurín


         Durante la campaña de las últimas elecciones municipales celebrada en Alhaurín de la Torre, fui invitado por un amigo a participar en un acto “paraelectoral” organizado por una agrupación de vecinos que, bajo el nombre de Electores, presentaba su candidatura a la Alcaldía.

            A un amigo es ciertamente dificultoso decirle no; a un buen amigo, totalmente imposible. Y fue por ello que, tras más de una veintena larga de años aposté indirectamente por una lista electoral, digo indirectamente porque no tengo derecho a voto en esa localidad, con la lectura de unos poemas de corte social o, tal vez, incrustados en el hoy movimiento emergente denominado “humanismo solidario”. De ahí que mis versos, mejores o peores, tratasen sobre niños pobres, andaluces desheredados, vacuidad del poder o mendigos en las puertas de los templos.

            Desde entonces el líder de Electores, JM Mancebo, no deja de mandarme mensajes sobre múltiples proyectos ecológicos que le agradezco, aunque algunos no los comparta, pues ya saben, lo he escrito en ocasiones de forma irónica, que prefiero una paella debajo de un semáforo que sentado en una piedra debajo de un olivo, pongamos por caso.

            Pues bien, leo en Diario la Torre de mis amores que Mancebo ha presentado una moción en el último pleno, para que éste suspenda circos y zarandanjas donde se domestiquen o maltraten animales, quiero imaginar que, por lógica, estará también en contra del arte de Cúchares, ya saben, engañar al toro bravo, castigarlo y que muera como los auténticos gladiadores en el coso taurino. Y lo respeto, así como también me gustaría ser respetado por decir ole ante un paso natural o soltar un ay cuando José Tomás es empitonado.

            Circos los hay por todas partes, hasta un pleno municipal, a poco que lo intentemos puede convertirse en uno de ellos cuando, en un signo de irresponsabilidad, llevamos un oso peluche y lo presentamos como el único animal salvaje que debe estar junto a un niño.

            El Circo del Sol o el pequeño cirquito que va a un pueblo hacen las delicias de la chiquillería, y si hay leones amaestrados es la leche. Que se abran las jaulas y vuelen los canarios, que los perros pastores alemanes “anden” a sus anchas, que los pequeños felinos de poetas no sean acariciados, que los toros bravos se conviertan en cabestros, que desaparezcan los zoológicos.

            También es demagógico argumentar que hay otros temas más importantes para debatir en temas, que los hay, pero lo del oso peluche sobraba si deseamos que nos tomen en serio.

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