domingo, 23 de junio de 2013

Adelgazar Defensores


         No creo que exista en España algún ciudadano de a pie que esté en contra de la tardía decisión del gobierno del PP de introducir las tijeras en el farragoso traje de las Administraciones Públicas y cortar por lo sano todo aquello que no sirva para nada; lógicamente entiendo por ciudadano de a pie, aquel o aquella que no tiene intereses directos en el “todo vale”, o bien, indirectos, ya saben, familiares entre los que incluyo la legión de cuñados y cuñadas.

            Detengámonos hoy, por un instante, en la figura del Defensor del Pueblo andaluz, extremeño, catalán y así hasta diecisiete; si la figura del que es de toda España, en este caso Soledad Becerril, que ya fue Diputada nacional, Ministra y alcaldesa de Sevilla, y que merece todos mis respetos, no es ejecutivo sino simplemente consultivo, ya me dirán para qué sirve el resto de la comparsa.

            Fijemos nuestra mirada en un punto que pueda servirnos de ejemplo de lo que nos cuesta tanta defensa ciudadana. Soledad Becerril cuenta para su labor con dos Defensores adjuntos más, lógicamente, un salpique de funcionarios y colaboradores de confianza que, todos ellos, emiten anualmente una Memoria quejosa de la españolada, memoria que un servidor, sin ir más lejos, se la sabe, y bien, por mi visita diaria, con perdón, al café-bar Gran Vía.

            Bien, pues el pasaportado Rafael Chamizo, ex Defensor del pueblo de la tierra de María Santísima, tenía cuatro Defensores adjuntos, y el actual, señor Maeztu, goza tan sólo de tres: alguien, sumamente bondadoso, podría pensar que la Junta ha realizado un pequeño recorte, pero es falso creer tamaña idiotez; ocurre que con el cura Chamizo había cuatro partidos políticos en el Parlamento autónomo, a saber, PSOE, PP, IU y PA, o sea, un Adjunto por barba, y como en la actualidad existen solamente tres, pues el PA se quedó sin representación, los famosos Adjuntos del ex cura Maeztu son del PP, PSOE e IU, más todavía, había provincias, caso de Málaga, en que la Diputación nombró el Defensor del ciudadano malagueño.

            Heme aquí que si un servidor se hubiese quejado de algún atropello de la Administración, gozaba de la posibilidad de elevar mi queja al Defensor malagueño, al andaluz y al nacional; nunca lo hice porque, en realidad, soy poco quejica como buen funcionario que fui.

            Así, que no le tiemble el puso a don Mariano y de un plumazo todos y todas l@s Defensores a la calle, dejemos tan sólo a doña Soledad porque viste el cargo bien y, la pobre, es un decir, ya no sabe donde está la calle.

2 comentarios:

  1. Do José, no se puede comentar este asunto de mejor manera. Yo lo diría de una forma políticamente incorrecta y poco reproducible.

    ResponderEliminar
  2. Pues tal vez sea esa la necesaria.
    Abrazos.

    ResponderEliminar