jueves, 13 de junio de 2013

Acostumbrándonos a la corrupción


De todo el contenido de la encuesta del CIS dada a conocer ayer, llama la atención como la españolada se va acostumbrando a la corrupción y, sin dejar de ser un problema, el ciudadano ya no la percibe como un auténtico problemón y baja, por tanto, el índice de preocupación hacia ella.

         Toda España de norte a sur y de este a oeste se encuentra a rebosar de ciénagas donde chapotear por ellas significa pringarse de caca; no hay lugar, llámese Andalucía, Cataluña, Madrid, Galicia o Valencia, por ser los más emblemáticos donde, bien porque el yerno del SM el Rey, ya veremos si su hija también, algunos consejeros, conductores privados de los mismos, sindicatos o caraduras andaluces, los del oasis catalán, los que se encuentran un Jaguar a la puerta de su casa porque sí, los viajes a Disney de la mamá Mato con sus churumbeles, el intercambio de ideas en un coche oficial por tierras de meigas, los alumbrados de luz en la boda de la hija del que se hizo la foto en Las Azores, los grandes negocios del señor Muñoz, el novio de Isabel la Pantoja, las lágrimas de ella misma, el parné debajo de los colchones de algunos alcaldes de pequeños pueblos, los regidores que, a pesar de estar imputados, siguen rigiendo los destinos de los dóciles vecinos, las corbatas, trajes y mogollones regalados por Correa y el Bigotes a cambio de esto y de los otro, siempre millones, los sobres entregados por el cartero Bárcenas, los destinatarios de los mismos, el enriquecimiento fácil y el empobrecimiento de buena parte del pueblo, la promesa dada y no cumplida, la palabra firmada de puño y letra que tengo en mi poder de algunos próceres andaluces, papel barato para obtener una miaja de votos, los aeropuertos desiertos de Ciudad Real y Castellón, en fin, la poca vergüenza que reina entre algunos políticos, sus cuñados, pelotas, amiguetes, los puestos de trabajo dados a dedo, la cara, porque eso es tener cara, de los que engañaron con las preferentes, los desahucios a los desheredados, las jubilaciones de los banqueros, etc., todo ello, parece, según el CIS, que ya no preocupa tanto a los españoles.

         Esta es una tierra de rastrojos que debería ser achicharrada para que, desde sus cenizas, brotara no ya la justicia que es muy lenta y, a veces, sectaria, sino la decencia, esa virtud ni teologal ni cardinal, ni humanista ni socialista, esa decencia que se mama del pezón de la madre.

         De una puñetera vez, seamos decentes.





 


2 comentarios:

  1. Don José nos queda mucho trecho para que seamos decentes, porque si ser decente en el plano interior es ser honesto y en el social ser de buenas costumbres. Entonces, los españoles no habríamos hecho un género de novela como la picaresca, ni nos preguntaría el mecánico ni el fontanero si queremos la factura con IVA o sin IVA.

    ResponderEliminar
  2. Llevas gran parte de razón, pero del pícaro -al que Dios salve- a los corrptos y corruptores hay más de tres pueblos.
    Como siempre, abrazos.

    ResponderEliminar