sábado, 25 de mayo de 2013

Solitario, pero solidario


             Juan el de Cartajima, íntimo amigo, se ha convertido en un hombre solitario, miren si no, tan sólo su mujer, sus libros, una jaula vacía donde el canario Limón cantaba todos los palos, y algún gin-tonic en el que se recrea durante un par de horas para, una vez, consumido, tomar otro algo más deprisa y recorrer los 120 metros que le separan de Fernando Pessoa, con el que se recrea todas las noches leyendo “Libro del desasosiego”, pues no pierde mucho tiempo con otras páginas.

            Se fue, a hurtadillas, de su lugar de trabajo después de conseguir que en el “cole” donde trabajaba se produjera el milagro de la integración, mucho antes de que las autoridades académicas decidieran poner ese proceso en marcha.

            Se fue de UCD por no estar de acuerdo con el pensamiento que el gobierno central tenía sobre Andalucía, tierra a la que un día descubrió que amaba porque le dolía. Guerreó algo en el Andalucismo oficial, hasta que descubrió que buena parte de los que fueron sus compañeros, perseguía otra cosa bien diferente a una Andalucía Libre.

            Huyó de la Iglesia oficial y jerárquica porque ésta no revelaba el mensaje de aquel hombrediós conocido por Jesús, peor aún, velaba su imagen y hacía irreconocible su mensaje de libertad, de desnudez ante el mundo.

            Loco de atar, un día sobrevoló sobre él y se posó en su sandalia una roja gaviota, y escribió un par de libros sobre esa sagrada manifestación.

            Estuvo con unos y otros, pero caía en la cuenta de que, o bien no era comprendido o bien no era de fiar. Decidió dar un viraje a su vida, algo hartamente dificultoso, y ayudó algo a sus amigos y a los extraños, o sea, a los otros, vamos que creo practicó eso que hoy, algunos y algunas llaman “humanismo solidario”.

            Tal vez fue el peso y el paso de los años lo que motivó que, los llamados, tal vez lo sean -por sus obras los conoceréis, dijo alguien-, fundadores de algo tan antiguo como Espartaco, pensaron que, ya digo, debido a su edad y tal vez chocheo, no debía formar parte del cogollito de la vieja-nueva idea.

            Ahora, Juan, sin enfados, está pensando en quemar en una hoguera todo aquello por lo que luchó, fue discutido, despreciado y, en ocasiones, perseguido, y encender una nueva llama en la que en total soledad, a veces muy deseada, deje ya todo y espere que la eterna languidez le sorprenda cualquier día, pero siempre al lado del otro, del extraño, del desheredado.

            Yo, ya decía, íntimo amigo de él, le insinúo que no lo haga, que aún le quedan minutos, horas y días para ir predicando su verdad que, aunque no es la verdad, se asemeja bastante a la verdadera. Si lo sabré yo por todo lo que le debo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada