viernes, 17 de mayo de 2013

Numerosas leyes y poca Educación


              Aunque no debe quedarse en el olvido la Ley General de Educación y de la Financiación Educativa (1970) del ministro franquista Villar Palasí, ya que fue el germen de todo el resto de leyes educativas que se apoyaron, en parte en aquella, aunque se fuera al garete porque hubo poca, por no decir, ninguna financiación, resulta demoledor el elevado número de normas que ha padecido nuestra población infantil desde que nos dimos la Constitución Española de 1978, y todas ellas sin llegar a formalizar un pacto educativo de Estado sino más bien un reguero sectario que ha influido en la debilidad formativa de nuestras generaciones.

            Así, en 1980 UCD procedió a aprobar la LOECE, la primera ley educativa de la democracia; recuerdo (perdonen mi posible o seguro personalismo por haber sido ponente de dicha norma, junto a Oscar Alzaga y Herrero de Miñón) que tuvieron que traer en ambulancia a Joaquín Garrigues, casi moribundo, para votarla. Fue Alfonso Guerra el que profetizó que, en cuanto el PSOE se “entronizara”, derogaría dicha Ley Orgánica y así fue, poquito a poco, decreto a decreto, se la cepilló y puso sobre la “mesa” la tristemente famosa LODE (1985) que hizo célebre al ya desaparecido “cojo Manteca”.

            En 1990, el sistema educativo comienza a vestirse de luto con la aprobación de la LOGSE y los estudiantes, se dan cuenta de que esos parámetros de mérito, capacidad y esfuerzo son simples palabrejas que en un santiamén desaparecen del mapa de la educación. Ahí,  en ese año justamente, comienza el verdadero deterioro de la Enseñanza Pública.

            En 1995, Felipe de nuevo, y ante la inminente llegada de Aznar al poder, da paso a un nuevo atropello educativo con la aprobación de la LOPEG, y nuestros hijos y nietos comienzan a acostumbrarse a la neurosis como si tal, las editoriales se forran y los informes internacionales sobre educación nos ponen a parir.

            Llega Aznar (1996) al Palacete, se acomoda y la Educación la deja dormir, sestear; tampoco a él parece interesarle un pueblo culto, formado y crítico. Con su holgada mayoría del año 2000, llega a Las Azores y en Texas, con su amigo Bush, coloca las botas en lo alto de una mesa, enciende un puro y, cae en la cuenta, de que lleva seis años en el poder sin hacer nada por la Educación. Aprueba en 2002 la LOCE, pero no llega a estrenarla, porque en el 2006, Zapatero aprueba la LOE.

            Es el momento en que los tranquilizantes y los botellones irrumpen en una adolescencia ya estigmatizada por los años de los años. Y ahora, ayer mismo, Rajoy aprueba en Consejo de Ministros la LOCEM que se tramitará y aprobará en el Congreso con su mayoría absoluta.

            ¿Pero no es posible, señores y señoras dedicados a la cosa pública, construir una Ley Educativa entre todos y para todos?



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