miércoles, 15 de mayo de 2013

Los prismáticos del PP


             O nos vamos todos al garete o volvemos a la España Una, Grande y Libre o que Dios nos salve de la ceguera política de algunos barones del Partido Popular, aquellos que observan su ombligo con gran complacencia o, son tan ignorantes, que no caen en la cuenta que, aunque conformemos un puzzle autonómico con diecisiete banderas y parlamentos todavía, a causa del sentido común de nuestros gobernantes -Suárez, Felipe, Aznar, Zapatero y Rajoy, sin excluir a SM el Rey, que aunque no gobierna, modera una pizca- vivimos en paz, aunque millones de ciudadanos lo estén pasando muy mal y tengan que terminar comiendo insectos, tal como comienza a recomendar la FAO, mano armada de la ONU para intentar recortar la hambruna.

            La derecha al igual que la llamada izquierda saben que será muy difícil seguir caminando hacia la normalidad con tanto nacionalismo emergente por todos los rincones de este país -ya sé que tiene por nombre España- en el que de este a oeste y de norte a sur todo dios se ha convertido en vecino de su patio particular con su bandera, himno, escudo e historia; pero si fuésemos algo imparciales, podríamos admitir dos cosas: una) que nos equivocamos al concebir aquel “café para todos” que terminó en trocear a España en diecisiete territorios autónomos, y dos) que existen dos regiones y/o nacionalidades, Cataluña y País Vasco, que tienen una mayor, pero enormemente mayor, singularidad que el resto, y ello viene dado por el pezón, la nana y, lógicamente, la lengua en que se cantó aquella nana.

            Nadie habla de Navarra, tal vez por la boina roja, el deténte -escapulario del Sagrado Corazón de Jesús- o por ser de derechas hasta ahora, pero su régimen foral, al igual que el vasco, goza de los privilegios otorgados por la Constitución, por Franco y por la historia; es la niña mimada de la que nadie habla.

            Sin embargo, escribir de Cataluña es jugársela a cara o cruz, y es ahí donde nos la jugamos. No estaría mal que Monago y compañía dejaran de mirar a España con los prismáticos al revés, o sea, mirando sus ombliguitos.

            Estos señores no tienen visión de Estado, de manera que dejen a los que observan la realidad de España en su conjunto, o sea, con los prismáticos ampliando la visión, que hagan su trabajo aunque les incomode y nos incomode.

            Saben más, aunque a veces, demasiadas, se equivoquen.

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