sábado, 4 de mayo de 2013

Ganan los militares


         En la ya famosísima encuesta del CIS de hace un par de días, los españoles, las españolas por supuesto que también, se confirma que las instituciones mejor valoradas son aquellas que ostentan revólveres o fusiles cosidos a su indumentaria, o sea, las Fuerzas Armadas, sea el Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional; por lógica, habría que pensar si la Policía Municipal, cantidad enorme el personal que la integra, es también sobada y amada por la ciudadanía; y a un servidor le vendría como anillo al dedo, pues estoy entretenido en un riguroso estudio, si los polis municipales de Euskadi y Catalunya, otra legión, son también gozosamente acogidos por la mayoría de tiesos españoles. Este dato, me refiero al último, no daría un perfil auténtico del ardor guerrero del personal que viste de paisano.

            SM el Rey Don Juan Carlos debe estar más contento que a uno que le toque el euromillón, ya que según el artículo 62.h) de la Constitución Española, ostenta el mando supremo de Fuerzas Armadas, repito el mando supremo, y los militares, no olvidar, saben siempre estar a las órdenes del jefe superior inmediato. Otra cosa es la Casa Real, ese conjunto de yernos, nueras, hijos y pelotas que se mecen a su alrededor; lo digo porque dicha Casa, que no es cualquier casa, ocupa el sexto lugar en aprecio por los ciudadanos.

            El Defensor del Pueblo, en este caso la Defensora Soledad Becerril, se encuentra a caballo entre la “canallesca” y la Monarquía, y la verdad es que como hace bien poco, por no decir nada, pues el pueblo sigue buscando una manduca seria y en condiciones, no se mancha, o sea, informa y punto.

            La Iglesia, me imagino que el CIS se refiere a la Católica, está peor valorada que la Monarquía y que toda la trama judicial; claro es que si al vecindario le hubiesen preguntado por Caritas en lugar de la Comisión Episcopal, estaría, creo yo, por encima de las mismísimas guarniciones militares.

            Después, ya saben, las más rechazadas son todas las que tienen cierto hedor político, a saber, CEOE, parlamentos, comunidades autónomas, gobierno central y, en último lugar, los partidos políticos, esa especie de antiguos sanedrines que trasiegan con los destinos del gran público.

            En fin, si fuésemos normales, cosa que dudo, estaríamos rezando por lo que pueda ocurrir. Me santiguo y amén, por si las moscas.

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