jueves, 30 de mayo de 2013

Andalucía, sin voz


       Existe por esos páramos de la ignorancia quien ha afirmado lo siguiente: “los andaluces son más propensos a tener patologías de la voz por su particular forma de hablar: gritando y muy deprisa”; y sin embargo este es un pueblo que calla, que ejerce el silencio en demasía. Me atrevería a afirmar que es un pueblo afónico.

            Una corriente de aire secular, de siglos de existencia, ha cercenado su voz, la propia. Otros hablan por ella, oh Dios, si Andalucía por sí, ejerciera el derecho al grito otro gallo cantaría; pero no, los andaluces callan, y cuando hablan necesitan del logopeda de turno que les enseña a pronunciar lo que hay que decir y cómo decirlo.

            Pobre del pueblo que pierde su voz, su palabra, su decir, su cantar, su utopía. Palabra y utopía van unidas, pues si no se recita la palabra del pueblo, su poesía y su ilusión el pueblo muere.

            Porque este, Andalucía, es un pueblo que vive de la limosna, del palo de golf y del subsidio de desempleo, de la copla española, del rollo macabeo de los presupuestos generales y autonómicos, y de los tronos y pasos de la santa semana de pasión, cuando por aquí, la pasión viene a durar un año para más de un millón de parados.

            Y a un pueblo que vive de la limosna se le tapa la boca con facilidad, pues se convierte en un pueblo mudo y fiel hasta la muerte con sus amos, con los vampiros que viven a su costa y con los domadores que apaciguan su débil inquietud; y cuando un pueblo asiente en silencia al mercadeo de su limosna, enferma.

            Ahora toca hablar de la “realidad nacional”, de la “constitución andaluza”, de nuestro derecho a decidir, dice don Diego, pero es falso porque no se dialoga, sino que dicen, repiten, braman, gruñen y discursean para ver si los votos van a determinados talegos sectarios.

            Y Andalucía se entretiene en el circo de los payasos, y aplaude y ríe y espera y nada ocurre, porque el pueblo es un simple espectador de la representación.

            Puede ser cierto que el andaluz tenga diversas patologías de la voz, pero no por hablar sino por callar.




2 comentarios:

  1. Otra vez a mostrar que no soy un robot, pero ¡Que coño, Pepe! mereces un viva tu "pajolera" gracia y, sobre todo, un piropo a tu verdad.

    ResponderEliminar
  2. Gracias a ti por tu lectura de mis copos, por tu poesía y amistad. Abrazos

    ResponderEliminar