domingo, 14 de abril de 2013

¡Manos arriba!, grita Griñán



Hace un par de meses, el señor doctor que atiende mis manías con suma amabilidad diagnosticó que el marido de mi esposa, un servidor del Rey y súbdito de todos los reyes de taifas, desde Rajoy a Griñán, padecía ni más ni menos que “ansiedad anticipatoria”, y tenía razón el bueno de don Gregorio.

            Vean ustedes: poseemos la “pastora” (se llama Pastor de apellido) y yo, un pisillo que heredó ella de sus padres que, tenderos de toda la vida, ganaron con el sudor de su frente; la verdad es que no es gran  cosilla, lo alquilábamos y algo nos daba para gastos sorpresivos. El último inquilino hizo de él, según dice el vecindario, una especie de plantación de marihuana, pero como esto también va mal, dejo de abonar la mensualidad y lo dejó, oh Dios, hecho una auténtica porquería que tuve que fumigarlo de abajo arriba y de este a oeste. Y ahí está, en paz de Dios, confiada la pobre vivienda en que alguien ose pagar un escaso perraje, dado como está el patio.

            Como tenemos una hija única, algo más que un primor, dos nietas que son sendos milagros y un yerno, buena persona y deportista de mucho cuidado, con una paguilla para ir tirando, se me ha metido en la chorla que cuando la diñemos nosotros, le vamos a dejar, tal como está el cotarro, una auténtica ruina. Y con ello sueño, desvarío, tomo valium, pastillas para dormir y todo un chorreo de comprimidos que van desde el maldito colesterol hasta el ácido úrico, pasando, ¡toma ya!, por sulfato de quinina al que, para que haga más efecto, le endoso la quinina correspondiente al gintonic de marras.

            Pues bien, con el ya famoso decreto o ley que la coalición bipolar PSOE-IU, falta de litio, quiere arreglar el descosido que años atrás hicieran Chaves y su cohorte, incluido Griñán, se contempla que los jerarcas de la Junta pueden obligar a los Jerarcas municipales que el impuesto del IBI, no confundir con el pueblo donde nació con la que me acuesto todas las noches, puede y debe subir un 50% de envergadura en los pisos deshabitados.

            El suicidio de los que hemos trabajado día y noche está cercano, el claro horizonte se ha vestido de luto, los bancos siguen a los suyo -que no es lo nuestro- y los políticos, como Griñán  y Don Diego, cabalgan, impuestos al ristre, alcanzando el corazón de la sufrida clase mierda, perdón, media.
           
Pero podremos con ellos, todo es cuestión de no bajar las manos.

           

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