martes, 9 de abril de 2013

La senda de la amistad


        En el sendero que va marcando la vida de cada uno, se van instalando, como amigos o amigas, aquellas personas con las que compartes o has compartido trazos de tu existencia.

            La hazaña se inicia desde la mismísima infancia, mucho antes de incorporarte al colegio (quede claro que estoy refiriéndome a mi tiempo, o sea, cundo los chavalines no asistíamos a las nuevas prisiones de hoy, llamadas “jardines de infancia” o “guarderías”, sino que, tal vez por aquello de no existir tanto tráfico, disfrutábamos de la calle). ¿Dónde estarán aquellos amigos del Barrio Obrero de Melilla con los que jugaba a las chapas, botones, escondite, a buenos y malos, trompos, bolas y ¡alto, manos arriba!?

            Se dice que uno es de donde estudia el bachillerato, pues bien yo hice en ese transcurrir del tiempo buenos amigos con los que, de vez en cuando me encuentro, hablamos y recordamos lo mejor de aquella adolescencia que terminó en juventud; con ellos hice las primeras cosas buenas y “malas” y mucho de ellos duermen ya para siempre. De los amigos de la “mili”, no hablo porque, aunque consta, no la hice.

            Te echas novia “formal”, te casas con ella y nacen los hijos; los amigos van cambiando, pero son estos nuevos los que por el “sistema” más tiempo permanecen. Si además, es mi caso, compartes con ellos, además de la cena del fin  de semana, instantes de intercambios íntimos de fe, pensamiento y vivencias, pueden pasar meses sin verlos pero sabes que los tienes ahí, en el momento justo y necesario con los oídos en la mejor disposición posible, y, si es posible, hasta la mismísima cartera. Sin embargo, la vida nos va distanciando a causa de los años, nietos y gilipolleces de todo tipo, pero, ya decía, siguen ahí.

            De repente, ya viejete, caes en la cuenta de que ya no estás para demasiados trotes, y te paras; observa a tu alrededor y te dejas caer, tranquilamente, en los más cercanos en distancias, bares, cafés, copas y charlas más o menos profundas. Comprendes perfectamente que ya no estás para demasiadas aventuras, y nace el reposo del guerrero, o sea, te dejas llevar por ellos y lo pasas fenomenal; no son demasiados, los justos para que cada día esperes el instante de una carcajada, el olvido de un problema o el ajuste con la realidad más próxima.

            Eso me ocurre, a diario podría afirmar, en la pequeña barra del Gran Vía. Hoy, la Parca se ha llevado a uno de ellos, a Jimmy, lo que no impedirá que baje, hablemos de él, sonriamos, tomemos una copa y veamos fútbol. La vida, con cierto dolor, seguirá su camino; aunque l@s amig@s del Fb, bien entendido, alivian un rato largo

elcopo@telefonica.net

3 comentarios:

  1. Siempre sigue su camino, y nosotros con ella mientras nos deja.
    Desde esta corta pero distancia al fin y al cabo, va mi abrazo.

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  2. Pepe, a todos y más a nuestras edades, nos van faltando "joyas" de la corona...lo sentimos, pero dejálas ir, que ellas ya hicieron su camino.¡Sigámos el nuestro! Un abrazo

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