martes, 16 de abril de 2013

La Pantoja


            Existen hoy noticias a punta de pala para ponerse delante de un teclado y finiquitar desriñonado. De hecho fíjense en el revuelo mediático por lo acaecido en  Boston (EEUU): tres muertos, un centenar largo de heridos y Obama afirmando, sin dudarlo, que los culpables serán detenidos y pagarán por ello.

            Este triste suceso, tanto por las muertes como por el país en que se ha cometido, sin olvidar el famoso maratón, ha copado los medios de comunicación de buena parte de la madrugada del martes, de hoy y lo que colea.

            Lo del “pajarito” de Maduro, nuevo presidente de Venezuela por pura o impura chiripa, ha rozado en tiempo la noticia anterior; el petróleo es el petróleo, el castellano es el español y Margallo, el ministro de Exteriores.

            Tal es el empuje de estos dos hechos, el escribir de cualquier otra cosa, incluido lo de Oriol Pujol y el caso y acoso de las ITV, se queda en simple virutilla que a nadie parece pueda interesar.

            Y sin embargo, creo que buena parte mundo no se ha enterado de ese triplete de casos que he enunciado anteriormente o si lo ha hecho, que puede ser, lo ha asumido como el que se engulle un muslete de pálido pollo, hecho que, por cierto, en esos lugares a los me refiero no lo ven desde hace lustros.

            Por ahí, ya saben, por ese maldito cuerno de África, por la estepas siberianas, por los lugares donde miles de niños y niñas están mutilados por esas guerras tribales que nunca terminan, por el terremoto de Irán con ramificaciones en Pakistán y vaya usted a saber, etc., esas cosas, no incluyo lo de Oriol y Maduro por desconocidos totales, la muerte, en forma de metralla arracimada o misiles inteligentes, forma parte del menú diario.

            Claro es que a nosotros, si fuésemos algo sinceros, afirmaríamos que el muslillo de pollo dorado nos lo zampamos a sangre fría sin que se nos haga un pequeño nudo en el gaznate.

            Lo de la Pantoja es rancho parte; ahí podemos reír o llorar.


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