domingo, 28 de abril de 2013

La margarita política


        Mientras Artur Mas anda buscando por lo recovecos del Estado Vaticano un cardenal afín al independentismo catalán, y una balacera ha rociado la toma de posesión del primer ministro italiano, señor Letta, nosotros vamos afinando la puntería para ver si damos en el blanco del hombre o mujer que, dedicados a la política, puedan echarnos un cable para salvar a España de irse a pique.

            Es por ello que van publicándose distintos nombres de posibles candidatos a la presidencia, o sea, la prensa, según editoriales y gustos preconcebidos, comienzan a trazar el perfil del nuevo líder que intente hacernos ver que es posible salir del atolladero.

            La mayoría de ellos y ellas nada tiene que ver con experiencias en asuntos de gobierno, y así nos encontramos en el listado con personajes como Eduardo Madina (PSOE), Alberto Garzón (IU), Albert Rivera (Ciudadanos), Beatriz Talegón (PSOE) y algunos más de poca monta, pero con los colmillos algo afilados. Causa cierta sorpresa que no brote, entre tanta esperanza desbordada, algún joven del PP que sea del agrado del vecindario; en otro momento, habrá que analizar el hecho.

            De los cuatro anteriormente aludidos, tengo la sensación que el primero de ello, Madina, no conoce el solar patrio de corrido, o sea, su conocimiento del mismo discurre entre el País Vasco y Madrid, con alguna que otra incursión sevillana; Garzón, joven preparadísimo en economía, lleva en sus espaldas el lastre de poder ser candidato ante el poder absoluto, en lo suyo, del PCE; lo de Rivera, hecho y consolidado en su batalla radical contra el independentismo catalán, no sería bueno su traslado de Las Ramblas a la Carrera de San Jerónimo porque perdería la baza electoral que posee en tierras de Mas; y sobre Beatriz Talegón, obvio realizar cualquier comentario ya que ella, en su fértil demagogia, se ha definido.

            Si a todo ello le sumamos que Rubalcaba se encuentra acosado por las primarias gallegas, el oportunismo del ya derrotado Paxti y la descendiente popularidad de Carmen Chacón, no me extraña en absoluto que el químico Alfredo pretenda, en su alquimia particular, que el proceso de primarias sea obligatorio para todas las formaciones políticas.

            Estamos ante un país de locos que no busca a los o las mejores, sino al divertido juego de deshojar la margarita; lo malo sería que el último pétalo fuese alguien semejante al desaparecido y célebre “cojo manteca”, que todo puede ocurrir.


            

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