sábado, 20 de abril de 2013

"In ictu oculi"


                “In ictu oculi”  es un soberbio cuadro de pintura de Juan Valdés, año 1674, que se encuentra en el Hospital de La Caridad de Sevilla y que viene, con toda su tragedia añadida, a “fotografiarnos” la realidad de la peste bubónica acabando con todo lo habido y por haber, a saber, un esqueleto, llamado canina por tierras de la ciudad, Sevilla, que se basta a si misma, arrastrando en su peregrinar a todo bicho u objeto viviente que se cruce en su camino hacia la muerte. Su traducción al castellano o español no puede ser más significativa, miren si no: “en un abrir y cerrar de ojos”. Vamos, y me santiguo asustado, que en una mínima pizca de tiempo dicha “señora” puede acabar con el más enterado que exista por estos lares.

            Así, nuestro amigo Rubalcaba, en una charla sobre la pobreza, tampoco vamos a llamarle conferencia, ha solicitado que se supriman de un plumazo los billetes, que dicen los más osados, de 500 euros, conocidos, murmuran, como “bin-laden”.

            No sé a ustedes, pero a un servidor, le da cierto vértigo que todo un señor que fue vicepresidente del Gobierno de España y ministro de un montón de ministerios, incluido el de Interior, desee borrar de un plumazo el deseo de que un pobre pueda optar a ver, o tener, un billete de esa envergadura me parece un sin sentido, por no decir una sinrazón o un sindiós.

            En primer lugar, porque vaya usted a saber cual es la finalidad de semejante político para, en vez de echar un rato largo hablando sobre riqueza, productividad o, al menos, esperanza, se dedique a cortar con la guadaña, como hiciera el artista Valdés, toda posibilidad de soñar con un billetazo de esas características, porque al fin y al cabo, digo yo, soñar no cuesta un euro.

            Puede ser que este sea el tratamiento que el ínclito de Rubalcaba desee aplicar a los sueños de Madina, Chacón o Paxti para convocar primarias en el PSOE y lograr que Alfredo, sin necesidad de adquirir la peste bubónica, sea depositado de una vez, y para siempre, en el baúl de los objetos olvidados de esta España que se nos difumina.


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