domingo, 21 de abril de 2013

De Cándido a Cándido, pasando por Pastrana


             Debía correr septiembre de 1982, cuando fui enviado, por el PSA, a dar un mitin en un pueblecito de la sierra de Jaén. Llegado al lugar, los tres militantes del partido andalucista me comunicaron que esperaban pocos asistentes al acto porque Cándido Méndez, hoy, ayer y antaño Secretario General UGT, coincidía en horario con la pequeña matraca andalucista que un servidor iba a dar a los sufridos “hijos” de Alejandro Rojas-Marcos.

            Y así fue, porque tras los esfuerzos de los miembros del comité local no llegábamos a una docena, incluidas las esposas o compañeras de los esforzados militantes andalucistas, los que nos reunimos para echar un rato hablando sobre el nacionalismo reivindicativo del notario de Casares (Málaga), Blas Infante.

            Por aquellos tiempos, el que estas líneas intenta escribir era un “fiebre” en toda la extensión térmica del concepto, de tal forma lo era que, inocente como un palomo, me acerqué para saludar a Cándido en aquel lugar olvidado del mundanal ruido; y el muy “ladilla” estaba poniéndome verde; él obtuvo acta y yo, echándole valor al tsunami felipista volví al Colegio Público.

            Desde entonces, Cándido no ha hecho más que subir y subir hasta llegar a ser lo que es, un ser imprescindible dentro del sindicalismo español que, consiguió y todo, ser líder europeo de la UGT; así nos va y les va.

            Pero hubo un momento en que estuvieron a punto de hacerle la cama. La alerta saltó cuando un joven Manuel Pastrana, en una magistral jugada de ajedrez, se alzó con la victoria de la FSP de UGT de Andalucía frente a la lista oficialista de Cándido; corría el año 1995; defenestró Méndez a los que deseaban arrebatarle su mendrugo de “pan”, finiquitó a la FETE y, ya más tranquilo, se sentó en el sillón en el que todavía permanece y, para que todos vieran que era lo que es, elevó a Pastrana a la Secretaría General de UGT, previo Congreso atado y bien atado.

            Ahora, a estos días me refiero, el bueno de Pastrana, que está enfermo, ha saltado a la palestra porque, según dice la letrilla negra de algunos medios de comunicación, se ha atragantado con un almuerzo de mariscos en la ciudad de Durban (Sudáfrica) y por la que ha abonado más de 800 euros con su Visa Corporate Oro que poseen, además del carné, los máximos dirigentes de UGT.

            Lo que no aclara la “canallesca” es si la contumaz mariscada es debida a la dieta que tiene que aguardar por su enfermedad.

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