miércoles, 24 de abril de 2013

De asedios al Congreso de los Diputados


            Formo parte de aquel grupo de diputados, grupo cada año más exiguo, que vivió en sus carnes el asalto al Congreso de los Diputados aquel 23 de febrero de 1981, o sea, formo parte de la prehistoria de lo que se dio en llamar Transición política de la Dictadura a la Democracia.

            Años de muy difícil andadura en los aspectos políticos, económicos y de terrorismo. Tal vez, son tantas las veces que lo he escuchado, no lo hicimos todo lo bien que se esperaba de la “varita mágica” de la democracia; pero entre tanta inflación, ruido de sables, nostálgicos del franquismo, amantes de la ruptura y partidarios de la reforma: declaramos la amnistía política, nos dimos un régimen de libertades consolidado en la Constitución, se formalizaron entre todos los partidos políticos los llamados Pactos de la Moncloa, intentamos, y todavía en ello estamos algunos, mantener la unidad de la nación española dentro de la diversidad y riqueza cultural de las llamadas Comunidades Autónomas que, en la actualidad y sin complejo alguno, tal vez habría que revisar para definir su punto final, y no seguir con tantos suspensivos, para acotar de una vez el desmedido afán de algunos.

            Pero aquella fatídica tarde, algunos no comprendieron nada y ocuparon el Congreso con la fuerza de las armas, olvidando que la premisa esencial de la democracia es tomarlo con la arma de los votos, con la voluntad política de la ciudadanía acudiendo a las urnas; porque es en las urnas, tan sólo en las urnas, donde los hombres y mujeres somos realmente iguales en cantidad y calidad.

            Ahora pasamos la gran mayoría de los españoles tiempos muy difíciles desde el punto de vista económico, pero no solamente somos nosotros, no, la crisis ataca a toda Europa, y qué decir de los lugares donde reina la hambruna.

            Pero creo, seguro que nuevamente estoy equivocado, que no es momento de asedios al Congreso, de derrocar al Gobierno mediante la intimidación, de crear un espiral de violencia en el que todos podemos vernos envueltos; no, no es momento de eso, es tiempo de cordura, de acuerdos, de alentar desde la multiplicidad de ideologías que ocupan los escaños al consenso, al pacto, a la integración de todos los grupos políticos para salir del actual atolladero.

            Es momento de ejercer la auténtica mayoría de edad política.

             

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