lunes, 4 de marzo de 2013

La puta desigualdad


         Mientras en una ráfaga de tiempo se nos van Maruja Asquerino y Pepe Sancho, dos actores sin protagonismo pseudopolítico, Bárcenas se chulea del PP en primer grado y, de paso, de España, Blanco brota sonriente a declarar, los EREs andaluces amortiguan su escandalera, a Pere Navarro el del PSC, a falta de masa gris, le da por la abdicación del maltrecho Juan Carlos, al que Dios y Corinna salven cada cual a su estilo, España se va poblando cada día más de gentes con las manos en los bolsillos paseando su silenciosa mala leche por calles y plazas, bancadas en parques y haciendo más larga la cola fantasmagórica del inútil Inem.

            Nos salva, en parte, la Champion Liga con los encuentros que los equipos medio españoles tenemos que dirimir en un par de  semanas con los Manchester C, Milan, Oporto y el París S. G.

            Y cabe dentro de la lógica, que Barça, R. Madrid, Málaga y Valencia, favoritos hace un par de meses, sean apeados del triunfo a pesar de los Messi, Ronaldo, Isco y Soldado, lo que supondría finiquitar el poco opio que le queda a la ciudadanía para evadirse de las auténticas penurias, desgracias y putadas de gobiernos (nacional y europeos), bancos, bankias, avaros y demás especies depredadoras que dominan, no el cielo, sino el suelo que, por ahora, pisamos bien calzados o con humildes alpargatas.

            Contemplo con la imaginación uno de esos hogares desheredados por la codicia, y en mis adentro, más hondo todavía, desde el fondo de mis entrañas emerge hacia el exterior una especie de bilis que se desparrama por el derecho de igualdad que debía ser el denominador común de todos los seres.

            Es entonces cuando deseo hablar con mi amigo Juan, un señor que vive por las Sierras de las Nieves, concretamente en Cartajima; pero el bendito sabio que un día le dio la vuelta a su vida -como se hace con un calcetín- y cambió el aire acondicionado por la chimenea y el café por el pucherete, no tiene teléfono, tengo que hacer un gran esfuerzo para recordar aquella sentencia que me comunicó una tardenoche, y que venía a decir que la vida, con más o menos abundancia de bienes, es un silencioso caminar hacia la intensa y gratificante odisea de encontrarse con uno mismo

            Queda bien, pero no es válida para tod@s.

2 comentarios:

  1. Pepe, es una delicia leerte...¡que pena que no puedas hablar en otros "foros", aunque gracias a eso, los demás podemos disfrutarte. Un abrazo.

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  2. Gracias, amigo. Soy algo raro, pues nunca he intentado escribir en otros foros, pues casi siempre me he mantenido de equilibrista por el filo de la navaja, eso sí, escribiendo en máxima libertad.
    Abrazos.

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