viernes, 15 de marzo de 2013

Francisco, jesuita



          Habemus Papam jesuita, argentino, forofo del River Plata y amante del buen tango. Eso es lo más seguro que sabemos de él, porque lo del River es con carné y todo.

            Como a los hinchas del River les llaman buitres, ya comienza a circular, al menos en España, que en el Vaticano en vez de anidar una paloma, lo ha hecho un “buitre”. Eso es bueno, que no falte humor.

            Existía, y esto sin que un servidor lo supiera, los vaticanólogos, hombres y mujeres expertos sabedores de los entresijos del Estado Vaticano que, otra vez más, se equivocaron en sus predicciones a la hora de pronunciarse sobre quién sería el nuevo Pontífice de la Iglesia Católica.

            Ya saben lo que predecían: que si el Cardenal de Milán (a pesar del 4-0 con que el Barça atusó a los milaneses), que si otro canadiense o bien un brasileño o hasta algunos apostaron por uno de tez negra. Lo que a nadie se le pasó por la mente es que sería jesuita, o sea, hijo espiritual de Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.

            Los jesuitas, o sea, los expulsados de Francia, Portugal, España y Rusia. Los jesuitas, los que ostentaron poder y conocimiento durante buena parte del tiempo que estuvieron en el candelero. Los jesuitas, los de obediencia ciega cuasi militar. Los jesuitas, los evangelizadores y creadores de universidades por toda Latinoamérica. Los jesuitas que nunca vieron mal la llamada Teología de la Liberación, y que el emérito Benedicto XVI fue carcomiendo con su otra teología, Los jesuitas que, como Ellacuría, James Carney y varios religiosos de la Compañía fueron asesinados por comandos dictatoriales, también en África, Asia, etc. por verter el evangelio en temas sociales haciendo realidad el compromiso temporal del cristiano con los desheredados. Los jesuitas, y punto.

            De Francisco, Papa, dicen, no lo sé, y por tanto, no lo afirmo, que es otra clase de jesuita. Diría yo que más vaticanista, más ortodoxo, más humilde y sencillo, y menos teólogo que sus más inmediatos predecesores.

            Esperemos sus primeros pasos… no tengamos prisas.



        


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