miércoles, 20 de marzo de 2013

Felicidad


          La ONU, esa compleja institución de funcionarios conocedora de la hambruna y sufrimientos esparcidos por el mundo, no ha tenido otra misión más importante que declarar el 20-M como “Día Internacional de la Felicidad”, y claro, como es bastante difícil saber lo que es ser feliz, no se sabe muy bien quiénes tenemos que celebrar este día.

            Definida la felicidad como “una condición interna de satisfacción y alegría”, auténtica abstracción, podría decirse que a la misma se llega cuando se obtiene una meta, y como la meta principal de la persona es la propia existencia se podría afirmar que, cada mañana, al abrir los ojos y contemplar el techo de la pared, somos felices porque estamos vivos; lo que viene a ser una auténtica tontería, entre otras cosas porque lo importante para hombres y mujeres no es la consecución de metas, sino la consolidación del ideal.

            Existe un pasaje en los libros que hablan sobre los dichos y hechos de Jesús de Nazaret que bien podrían darnos, al menos, una primera visión de lo que es felicidad; se trata de la parábola del mercader de perlas, ya saben, ese hombre que se dedicaba a la venta y compra de perlas, y, que un día, sumergido en ese tráfico encontró la perla auténtica y vendió todas las que llevaba y se quedó con la única, la que le hacía feliz.

            A veces, los hombres y mujeres andamos entretenid@s en la búsqueda del otro u otra. Van encontrando en su caminar la diversidad cultivada, o sea, un collar de perlas iguales, de personas idénticas. Un día, porque sí, no existe más explicación en estas cosas, se encuentra con un ser que no forma parte del ejército de clónicos y clónicas, y todo se hace fiesta, felicidad, amor.

            Parodiando a un amigo de nombre Juan, que vive por tierras de pinsapos, diría que la vida es una bocana abierta al mar, éste se traga al tiempo y lo transforma, y que todo lo que somos y tenemos se convierte en pequeñas lluvias de Perseidas, en fugacidades que aparecen y desaparecen.

            Si nos hacemos con una de ellas somos felices, siempre que no olvidemos que la felicidad es una fugacidad, un instante.

3 comentarios:

  1. Pepe, no se si conoces la historia del hombre feliz que no tenía camisa!, ¿no será el no preocuparse de camisas y otras "zarandajas" lo que da la felicidad? Si no sabes la historia, cosa que dudo, un día, si quieres, te la cuento.
    Un abrazo

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  2. Dispuesto a aprender, cuando te parezca me la cuentas porque no la sé, y nunca es tarde para aprender. Abrazos

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  3. Si es posible, me apunto a escuchar la historia. Y si, la felicidad es un instante, afortunados si tenemos muchos segundos eternos en una sola vida.
    En cuanto a la oficialidad del día, como diría Mr Scrooge en "Un cuento de navidad"... ¡paparruchas!

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