lunes, 25 de marzo de 2013

El paraguas



            Y fue el botones del Casino a la llamada de su señor presidente que le dijo: “Eh botones, ve a mi casa y dile a mi señora esposa que te dé el artefacto humano para librarnos de las intemperies atmosféricas”, a lo que el bueno del botones, estupefacto, le preguntó: “Qué dice usted, señor presidente”, y éste rápidamente le contestó: “El paraguas, hombre, el paraguas

            Y es que el paraguas es la leche; hoy, por ejemplo, serían las doce del mediodía, asomado a mi atalaya, terraza, desde la que veo el ir y venir de los transeúntes he visualizado una imagen  digna de ser contada,

            Por la acera de enfrente, donde están ubicados El Dorado y La Taberna del Pinxo, se cruzaron un hombre y una mujer; ambos portaban paraguas, él desplegaba uno de color negro y ella acurrucaba en su mano izquierda, otro de color verde manzana. A la altura donde preparan “pescado a la escayola”, El Dorado, el sacó la mano del ámbito que cubría el paraguas, y lo cerró, al tiempo que ella, hermoso brazo, abría el suyo de par en par; imaginen por un momento la escena, uno creía que ya no llovía y ella, moza de mucho prestigio, creyó que sí. Sonreí.

            Y es que en esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, no estamos preparados para llevar paraguas, y menos en tiempos de Semana de Pasión donde los partes del tiempo cambian de la noche a la mañana ciento de veces; ocurre que este perímetro urbano, por más que los guiris se empeñen en que es una ciudad de verano, el invierno es el rey del clima turístico, y ello porque no hace frío ni calor, sino que nos encontramos sumergidos en ese estado que bien pudiera definirse como Limbo, plácido lugar donde, según los ancestros eclesiales, se encontraban los que dormían plácidamente en el seno de Abraham.

            Vamos, que los malagueños no sabemos usar el paraguas y vestir el abrigo, esto queda, sin embrollos xenófobos, para el personal del Norte. No medimos con exactitud el diámetro del paraguas que, por cierto, de no ser usado sus varillas se encuentran oxidadas, dobladas o, abiertas como púas esperando al guiri al que pinchar.

            Un consejo: como el tiempo está más loco que el personal del CCOO y UGT por los “beneficios” de la juez Alaya,  ruego a los foráneos   que se alejen lo más posible cuando vean a un malagueño portar un paraguas abierto en estos tiempos de Semana de Pasión.

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