martes, 12 de marzo de 2013

Blanco, en el punto de mira



            Creo sin demasiada fe que José Blanco, ex-secretario de Organización del PSOE y ex-ministro de Fomento en el Gobierno de Zapatero, no caía bien en el PP y en buena parte de su propio partido. No sé la causa, pero tal vez fuese por jugar a Guerra sin tener su talla, o tal vez por aquel problema que tenía al intentar decir, pongamos por ejemplo, la palabra corrupto, y le salía un corructo que no sonaba bien a sus señorías que, acostumbrados una y otra vez al término corrupción, aquello le sonaba a puro cachondeo.

            Pues bien, el que fuese todopoderoso dentro del uniformado socialismo se vio envuelto, y en ello anda, en el llamado caso “Campeón”, ya saben, aquel asunto en que una gasolinera suplió a un despacho institucional, y en el interior de un coche, oficial por supuesto, parece ser que, presuntamente, hubo una triquiñuela de sobres, o cosa así, a cambio de determinados favores a un señor, empresario y todo.

            Hubo denuncias de por medio y la cosa se ha puesto que arde, no por la gasolinera, sino porque le pueden endosar, según dice la malvada prensa, hasta un juicio oral, hecho al que me gustaría asistir para comprobar si la dicción del señor Blanco ha superado la diatriba de “corrupto” y “corructo”, diatriba que puede suponerle grandes problemas.

            Ha prometido el señor Blanco que si es llamado a sentarse en un artefacto distinto al escaño que posee en propiedad, dejará el mismo y que pedirá a la Cámara Baja, por cierto que cada día que pasa mengua en altura, que pedirá a la misma no hacer uso del derecho que tienen sus señorías a zafarse de la Justicia si el Congreso no concede el llamado Suplicatorio.

            Esa actitud le ennoblece, la verdad es la verdad, como también es verdad que le vendría como anillo al dedo al candidato que tendría que suplirlo.

            Así las cosas, esperemos el resultado final, porque lo nuestro es esperar, siempre esperar.




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