lunes, 11 de marzo de 2013

A la espera de la blanca fumata



           Comienza el Cónclave para la elección del nuevo Papa tras la renuncia de Benedicto XVI, y jamás se han vertido tantas palabras e imágenes, incluida la del Papa-robot sobre dicho tema.

            No sé a ustedes, pero respetando al máximo el hecho de la elección, a mí es  algo que me da casi igual, pues el mundo seguirá su camino, como si tal, sea el sacro elegido europeo, asiático, africano, hispanoamericano, mexicano, estadounidense o de la Real Policía Montada del Canadá.

            Seguirán los ricos queriendo más, los indigentes acudirán a las puertas de los templos en los que, como siempre, habrá gentes más preparada que inculta, no se borrarn los mandamientos y dogmas, la Iglesia Católica seguirá interpretando los Santos Evangelios sin dar opción a más crítica que a la suya propia, y un largo etcétera existirá sin que los signos de los tiempos incidan en la agónica marcha del catolicismo.

            Para los creyentes de verdad, la fumata blanca será uno de los hechos más importantes de su vida, pues para ellos, y hay que respetarlos, el representante de Jesús de Nazaret está de nuevo en el centro de su existencia, marcará sus pasos, dirigirá sus almas y pastoreará sus almas.

            Si creen y cumplen con los preceptos que marque la Iglesia Católica, a través del nuevo Papa, serán felices y bienaventurados. Y qué más se puede pedir de una persona que su felicidad. Es seguro que intentarán hacer el bien, que cumplirán los mandamientos de la Iglesia…, pero nada de ello hará cambiar el mundo, la sociedad, las costumbres y las nuevas tecnologías.

            Los pobres no desaparecerán, las guerras permanecerán, las desgracias seguirán ocupando las “primeras” de la prensa… pero tendremos Papa.

            Un conglomerado de mil doscientos de millones lo esperan, pero todo, más o menos, seguirá igual por desgracia.


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