domingo, 10 de febrero de 2013

Me sumerjo






Ando como descalzo.
Son mis pasos, deslices,
andadura en silencio por la noche nevada,
-cúpula negra del blanco azul-.

Hundo mi pie desnudo,
y llora la nieve cuando llora mi alma.

Es un pisar deslizante, con sumo cuidado.
¡Que no despierte nadie!
Que la vida siga el sueño dormido
de la abrigada vida,
con sumisos cobertores que lucubran toda.

(¿Y si despiertan todos
y la nieve fluye los caminos de la mar,
y suena fértil la verde pradera
con risas de amapolas limpias y tersos lirios?)

Cuando me quedo estático,
un helor fúnebre toma mi cuerpo
y ya nada percibo.

Me sumerjo, puesto hielo, sobre mí
y desde la cama del iceberg, miro al pie
descansado y frío.

Está abrazado a la vida que duerme.

Por ello, me levanto y sigo mi camino,
y hundo el pie, me hundo todo.
¡Ay que dicha sentir escalofríos
por la blanca y negra noche nevada
en mi pie dolorido!


(A José Ruiz Segura, Caminante
del Mundo, muerto de frío, en
el recinto “Eduardo Ocón” de Málaga)

José García Pérez





2 comentarios:

  1. Estremecedor homenaje Maestro. Terrible... y por desgracia no el único caso... Besos.

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  2. Nos duele cuando ocurre en algún lugar próximo a nosotros; a medida que la tragedia se aleja de nuestro entorno, comemos "magantos" como si tal cosa.Triste realidad. Besos

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