domingo, 17 de febrero de 2013

Las lágrimas de Beatriz Talegón



           A Beatriz Talegón no la conocía, como vulgarmente se dice, ni la madre que la parió. Esta joven de treinta años de edad, a la chita callando, ha ido escalando puestos en el PSOE desde que siendo muy jovencita, siendo concejal de un pequeño pueblo de Castilla La Mancha, consiguió llegar a la cima de los jóvenes socialistas esparcidos por todo el mundo mundial y conseguir, ni más ni menos, que el cargo de Secretaria General de la Unión Internacional de las Juventudes Socialistas, con sede en Viena, gracias a su formación: habla tres idiomas y estudia piano.

            Pero he aquí que hace unos días se celebró un Congreso en Cascais (Portugal), y pensó -digo yo- “ha llegado el momento de mi paso a la historia”, de manera que, tomando entre sus manos un látigo de buenas hechuras, la emprendió a zurriagazos con sus compis de partido, urdiendo un discurso de crítica interna sobre las reuniones partidistas en hoteles de muchedumbre de estrellas, coches de más de cuatro metros de longitud y cosas por el estilo.

            La filípica de Beatriz no ha caído bien en la las alturas del socialismo y, rápidamente, los capitostes herederos del tipógrafo Pablo Iglesias la emprendieron a mamporros verbales con quien, dicen las malas lenguas, cobra en limpio más de 3.000 euros, goza de vivienda en Viena, maneja una buen tarjeta de crédito, y va y viene de aquí para allá predicando la austeridad.

            El otro día, ayer quiero creer, se incorporó junto al ex ministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar, hoy pobre europarlamentario, a la manifestación de los desahuciados, donde fueron reconocidos por algunos de los presentes que, al ver unidos en ambos socialistas a más de diez mil euros mensuales, aparte dietas y tarjetas, la emprendieron con insultos y toques de arrebato contra los ya mencionad@s.

            Y Beatriz, la pobre, ha echado sus lágrimas por no entender nada de lo que le está pasando. Y usted ¿lo entiende?


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