jueves, 7 de febrero de 2013

Del Almax y otras menudencias



         Ayer bebí algo más de lo prohibitivo, por lo que ruego me perdonen las pocas personas que se enteraron del pecado, mejor del error. Se empieza con un güisqui porque viene bien para quemar la miaja de azúcar que uno pueda tener en sangre, y se termina como Noé, personaje bíblico y algo borrachete.

            No llegué a tal estado, ni siquiera a cantar aquello de “Asturias de mis amores”, pero sí a la súbita exaltación de la amistad, o sea, a hacer partícipes a personas queridas de que uno seguía en el mismo lugar de siempre: a saber, en el borde del precipicio que puede conducir a la santa locura.

            Fue tal la agarradera contraída que me llevó a la farmacia de calle Mármoles, juntita a la Ermita de la Virgen de la Zamarrilla, para comprar una cajita de Almax, cuyos comprimidos podían aliviarme de los ardores que preveía me iban a dar por la noche.

            A la hora de endiñar a la manceba, me pareció algo más caro de lo normal el producto farmacéutico, por lo que regresé al paraíso e infierno del Gran Vía donde sabía que a la hora prevista desde los orígenes de la formalidad iba a recalar un amigo del gremio de los fármacos.

            Pues bien, ocurre que como se han borrado algunos productos del recetario oficial, las multinacionales, ipso facto, han elevado el coste de los mismos entre una 30 y un 40 por ciento el precio de los mismos que, sin discusión alguna, achantamos a la hora, por ejemplo, de comprar el Frenadol y otras bisuterías de farmacias.

            Todos ganan con esta mandanga de querer ahorrar unos céntimos de nada, todos menos los griposos, los que hostigan al hígado y los imprudentes que les da por comer callos.

            Así, queridos amigos y amigas, no se arregla el asunto farmacéutico. Esta es una hecatombe mayor que la posible vuelta, por libre e independiente, de Esperanza Aguirre al ruedo político; hecatombe liberaloide que podría darse en un futuro cercano.

2 comentarios:

  1. Si es que nos llueven guantás por todas partes!!! Pues si, como asomen los marcianos (los marianos ya los tenemos) por Graná tal y como sugería una foto que tomé hace unos días, me mudo de planeta con ellos!
    ¡Besos!

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  2. Aunque no lo creas, tú, yo y algún otr@ sabemos que ya vivimos en ese planeta imaginario, aunque nos queda construirlo un poquito más.
    Besos sin parar.

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