domingo, 20 de enero de 2013

Volver la mirada a Gibran



           Ya sé lo de la mujer de Lot, la que volvió su vista atrás para contemplar la destrucción de Sodoma; sí, se convirtió en “estatua de sal” según las metáforas del Antiguo Testamento. A pesar de ello, es conveniente mirar a otro lado, con seguridad no sé si atrás, para, con la nariz bien tapada, oler, leer y observar otros horizontes distintos a los que en la actualidad nos invaden.

            Digo lo anterior, porque cansado de pensar, repensar y googlear algún tema que pueda interesar a mis nueve lector@s, he bajado a tomar un cortado para buscar algo que, a pie de barra, pudiera servirme de excusa para echar un rato con el copo nuestro de cada día.

            A disposición de los parroquianos, en el Gran Vía, existen tres periódicos: el imprescindible Marca y dos de los que uno puede abstraerse de hurgar en su interior, o sea, esos de noticias sociales, políticas, económicas y de lo que hoy se conoce por cultura.

            Al abrir uno de estos últimos, un hedor proveniente de sus entrañas me ha herido las pituitarias y ha ennegrecido, más todavía, la fría noche que nos espera, pues, desde la primera a la última, páginas por supuesto, todo es corrupción, engaños, promesas incumplidas, mal gobierno, idéntica oposición y, todo ello, bien agitado, puede llevar a uno a pensar que se está preparando un caldo de cultivo, con más o menos razón, para socavar el régimen de libertades que, por ahora, seguimos disfrutando.

            Aunque ahora vuelva a por el bocata de noche y ver qué hace Mou, he salido de estampida a casa y, sin dudarlo, he ido al lugar de mi tesoro escondido, ese en el que están depositados los libros que leo, releo y trituro.

            Cerré los ojos, y de entre los ocho libros que guardo para momentos de desasosiego; palpé con mimo, y supe que entre las yemas de mis dedos se encontraba el espíritu de Kahlil Gibran: “… Si fuese un tirano al que quisierais destronar, verificad si no es en vuestro corazón donde se asienta su trono. Porque, para que un tirano pueda dominar a un hombre libre y altivo, deberá existir primero esclavitud en su conciencia y vergüenza en su altivez…” (El profeta).

            Volver la mirada atrás, no siempre es malo.



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