lunes, 7 de enero de 2013

Un 2013 de armas tomar (I)


             Una vez que el pueblo se ha dado un respiro amnésico en estas últimas fiestas saltándose a la bartola la ruina que nos invade, nos enfrentamos a este nuevo año que, con sus dos últimos dígitos, hago la cruz con los dedos pulgar e índice, es de gladiadores en toda regla.

            Ya de por sí, al marcharse en domingo los Reyes Magos camino de Tartessos, Huelva más o menos, tenemos otro puente para tirarnos a la vagancia cuando este país no puede permitirse la construcción de tantos puentes y viaductos laborales.

            Nos vamos a enfrentar, durante este 2013, a la puesta a punto para acometer algunos proyectos que, tal vez, nos sirvan de para hacerle frente a una posible y mínima recuperación para el 2014. Tendrán, pues, los partidos políticos que untarse aceite para que la codicia de los avarientos resbale por la epidermis de especuladores, no sea que tengamos todos, unos a otros, que aplicarnos los santos óleos.

            Tendremos, cada quisque en la medida de sus posibilidades, que poner en ejecución el mandato del nacido en Belén: “Id  predicad”, aunque cambiando el verbo por “consumid”, porque si el poco o mucho dinero de nuestras endebles alcancías no se mueve, la ruina está asegurada.

            Los políticos, ay los políticos, tendrán que adelgazar las instituciones y arrojar al cubo de la basura todo aquello que, por costoso y poco práctico, nada más que sirve para que los sátrapas que están al mando gocen de una auténtica vidorra, ahí entran municipios enclenques, mancomunidades que no sirven para nada y las famosas Diputaciones, que son instituciones intermediarias entre el ciudadano y los gobiernos; fuera pues, los corretajes. No me olvido del Senado, pero este cementerio de elefantes deberá liquidarse en unas posibles Elecciones Generales cuando los partidos incorporen en sus programas dicha liquidación.

            Pero todo lo anterior: ya, y ya es tarde. Que se haga, bien por pactos o bien aplicando la mayoría absoluta. El ciudadano lo  demanda.

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