jueves, 17 de enero de 2013

Tres categorías, según mi padre



           Según mi padre, Fernando para más señas, todas las profesiones podrían fundirse en tres categorías; él, por aquel entonces, años duros del franquismo, regentaba la imprenta La Hispana, o tal como diría el perchelero Montoya, era el “dueño”.

            Esa lección magistral, que nunca olvidaré, la desembuchó Fernando el día que me otorgaron el título de Maestro Nacional, y que rezaba con este preámbulo: “Su excelencia el Jefe del Estado Español (Franco, por tanto), y en su nombre el Ministro de Educación Nacional tienen a bien nombrar a D. José García Pérez, … etc”, título que, por cierto, debe estar arrumbado en algún atillo de este oportuno hogar que disfruto.

            Pues fue mi padre, con toda la parsimonia y ceremonia que él poseía, el que me dio esta verdad absoluta: “Hijo: en todas las profesiones existen tres categorías; por ejemplo, hay putillas, putas, y señoras putas. En la tuya existen maestrillos, maestros y señores maestros: ejerce de señor de la enseñanza.”

             Y calló para siempre. En toda mi vida profesional, juro por sus cenizas que existen en el cementerio de San Fernando de Sevilla, nadie puede escupirme en la cara que me porté de forma distinta a su consejo de padre razonable.

            Hoy, lo que son las cosas, no sé la causa, ha salido a relucir esta máxima incrustada con el cariño paternal en un chaval que no tendría más de diecisiete abriles, o eneros, pues a punto estoy de cumplir una edad impropia de una buena necrológica, o sea, 77 años de edad.

            Viene todo este lío a cuento, porque tomando un par de copas, no más, un buen amigo inquirió mi opinión sobre los políticos; vamos que me lo puso a huevo.

            Entonces le contesté con el trípode de mi padre, eso de que hay politiquillos, políticos y señores políticos; pues bien, puede ser que existan políticos y politiquillos, pero lo de señores políticos está por ver.

            Díganme, con la mano en el corazón, si conocen a alguno.



1 comentario:

  1. Ni uno, ni medio, y casi diría que ni un cuarto de político decente...
    Al único que conozco señor y entero, ya se encargaron de alejarlo rápido de ese mundillo, por qué sería...

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