domingo, 6 de enero de 2013

Ella


Nadie tiene culpa
de que yo la quiera.
Ni quererla quiero.
Nadie, ni yo ni ella,
ni siquiera juntos
los dos. Casi pena
tengo por hablar
de culpa. Serena,
como la mar mansa,
mi alma quieta queda
cuando entre algodones
hablar puedo de ella.

De bellos jardines,
es enredadera
que enlaza de verde
las paredes secas.

De los temporales,
es la suave arena
que porosa toma
el agua y la besa.

De la limpia orilla,
caracola quieta
que escondida yace
por la mar envuelta.

De los claros cielos,
airosa cometa
que levanta el vuelo
con cordel de seda.

De la oscura noche,
única linterna
que alumbra de rojo
el mar de tinieblas.

Del alba, camino
blanco de azucena,
vía de fragancia
para la luz plena.

De los mares, mar
de claras estrellas
que sobre la olas
sus destellos vuelca.

(De José García Pérez)

2 comentarios:

  1. Por la crisis, me he negado a ningún obsequio "comercial". El leer su poema ha sido el mejor regalo de esta Epifania

    ResponderEliminar