jueves, 10 de enero de 2013

Cosas del amor



            En cierta ocasión, cuando levitaba cerca de cinco centímetros a fin de no pisar el burdo suelo, escribí esta nota: “Haremos, junto a la fogata del amor, un círculo de fantasías no productivas, de tiempos perdidos en la posibilidad de la utopía, de miradas constantes a la gruta de la ilusión. Anudaremos tu tristeza y mi alegría, hablaremos de los dioses que palpamos, de la eternidad gozada, y  dejaremos para siempre, en el baúl de los objetos olvidados cuya llave lanzaremos al olvido, la pisada vergonzante  de nuestros cuerpos por un mundo que no es el nuestro.”

            Quede constancia que fue un servidor, en un momento de lúcida locura, el que semejante cursilería escribió. Transcurrido un buen puñado de años, le daba hoy vueltas al “copo” mío de cada día para acertar con el tema adecuado, cuando he aquí que tropecé con semejante declaración de ese estado que se nota y se hace notar: el amor.

            He sentido vergüenza de mi actual estado algo vacío de ilusión, carente de amor, y seco ante el manantío constante del lejano ayer; y es que cada día me cuesta más trabajo rebuscar e hilvanar palabras que produzcan perplejidad en el lector o lectora.

Me salva que existe la corrupta política de la que, ahondando algo en su ciénaga, se obtiene el tema inadecuado para soltar un tostón que satisfaga a los que esperan el “copo” como maná celestial y, claro, quedan defraudados porque la monserga es apabullante.

Vivir el amor, escribir de él y morir con él, deberían ser las premisas de mi comportamiento como ser humano; pero es tarea imposible porque el amor no se busca, sino que se encuentra en la desembocadura de la Plaza del Asombro.

No es, pues, una actitud de búsqueda la que pueda llevarnos hasta él, sino una leve percepción que comienza en la comisura de otros labios, y finaliza en la mansedumbre de dejarse llevar por el camino del sentimiento; sentimiento que consigue, sin violencia, que los cables de la lógica se crucen, y estalle en mil pedazos la responsabilidad de ser los que otros desean que sea.

Cosas del amor que hoy les entrego por un momento, pero nada más que por un instante, porque esto tan sólo pertenece a un servidor.



3 comentarios:

  1. Son las cosas de la vida, son las cosas del querer...

    La como tú llamas monserga política es un mal menor que de tu mano se vuelve sumamente educativa, al menos para mi. Ya cuando tocas otros palos como hoy... de monserga ná de ná, y sí maná bendito.
    ¡Besos!

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  2. Aquí no se difumina tu comentario; permanece siempre. Besos.

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  3. Si, voy a tomar la buena costumbre de comentar aquí, y luego me plagio a mi misma en el facebú jeje! A mi me gusta releer vuestros comentarios en el blog, así que quizá a ti te ocurra igual. Más besos!

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