jueves, 6 de diciembre de 2012

Reivindicándome


             Si no lo hago yo por mí, quién lo va a hacer. Venga: un paso al frente el que se atreva y le doy un fuerte abrazo.

            Desde hace años, a mí al igual que a otros y otras, me fue concedida la Medalla al Mérito Constitucional y el consiguiente ingreso en la Orden que lleva su nombre. Data el título otorgado del año 1988 y firman el ministro Virgilio Zapatero y S.M. el Rey Juan Carlos I; los miembros de dicha Orden no gozan de más privilegio que el tratamiento de Excelentísimo señor o señora y que, en actos protocolarios oficiales, sean invitados a los mismos.

            Hoy, Día de la Constitución, para reivindicar el protocolo, me he investido de dicha Medalla a la hora de escribir estas letras que, sé muy bien, no serán comprendidas por la mayoría de los posibles lectores.

            A nivel nacional, los miembros de la citada Orden -ya vamos quedado menos- somos invitados a la conmemoración del día de hoy de cinco en cinco años, por lo que es posible que al celebrarse el XXXV Aniversario vayamos a la capital del Reino, previo desembolso del desplazamiento y estancia por nosotros mismos, para ver los que quedamos y el estado de nuestros esqueletos.

            Este año, en Málaga, “la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia”, nunca mejor dicho lo del silencio, se han celebrado dos actos oficiales en conmemoración de tan significada efeméride.

            La primera consistió en la celebración de una Mesa Redonda en la sede de la Subdelegación del Gobierno que comanda don Jorge Hernández Mollar, a la que no fui invitado como asistente o palmero de tan sabroso coloquio.

            Y hoy, a través del transoceánico Internet, observo que la Corporación Municipal con don Francisco de la Torre, Alcalde y Miembro de la Orden del Mérito Constitucional, también Senador del Reino en la actualidad, al frente, ha conmemorado el día en la Plaza de la Constitución.

            De usted para mí, y ahora que nadie nos lee, echo en menos que De la Torre Prados, de manera informal, no le haya ordenado o recomendado a uno de sus asesores: “Llama a este teléfono y dile a Pepe que a tal hora nos reunimos para recordar viejos tiempos”

            Lo de “Pepe” lo comento porque Paco y un servidor de la Constitución, compartimos escaños en aquellos tiempos de 1977 del pasado siglo, pero bueno, el tiempo y la poesía consiguen que todo se vaya apagando, incluida aquella incipiente amistad.

            Con mimo, me quito la Medalla, la pongo en su lugar correspondiente y, ustedes perdonen, en un susurro íntimo exclamo: “Viva el espíritu de la Constitución”, y digo espíritu, porque el cuerpo lo tiene cada día más mancillado.

2 comentarios:

  1. Mal gesto del prócer, sin duda... Con la cabeza que tiene no creo que se le haya olvidado...
    un abrazo

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